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758 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. El tío Madroño en su estudio, con,el cuadro de la Divina Pastora en el trípode. Fir_mado N. BARRERA, 1874. Estos lienzos eran detestables, pero muy del gusto del pueblo por su piedad infantil. Solía pintar a la Divina Pastora bajo un madroño y se ha– cía pagar dos ochavos por cada fruto del árbol, de donde le vino , · según se dice, el mote con que es conocido. Tan popular fué, que lo caricaturó el citado Barrera en una composi– ción costumbrista, muy lograda técnicamente y en la intención satírica con que la hizo. Su reproducción será más interesante que cuanto puGda decirse de ella, pues es un lienzo de los que más llaman la atención en el Museo de la Divina Pastora. Brilla con su arte en este período don José María Martín, grabador sevillano, cuyo finísimo buril lo inmortalizó en planchas , que inur.daron a España y América con sus lindos grabados de la Divina Pastora. Fueron muchos y variados, unos grandes y otros pequeños. Conocemos once, todos preciosos, más tres para escapularios, firmados en el corto to tiempo de quince años (1831-1846). Era un gran dibujante y aunque compuso algunos modelos originales suyos, tiene otros que son réplicas de modelos antiguos. Influenciado por la moda cultivó el sombrerismo, tocando a sus Virgenes con ingeniosos sombrero:s que, :si bi·en la:s agra– cian, nó favorecen a su majestad y misticismo. Entre sus muchos modelos sólo en uno prescinde de dicha prenda y es precisamente el más encanta– dor y el que tuvo más acogida. Poseyó una gracia especial para introducir en sus composiciones el Buen Dastorcito, como puede verse en los dos grabados que reproducimos. Dor lo cual y con toda justicia debe llamarse a José María Martín el grabador, por antonomasia, de la Divina Pastora. Dero no para aquí el benéfico influjo de don Manuel del Real, porque con su ejemplar devoción dejó tras sí un apostolado de clérigos seculares,
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