BCCCAP00000000000000000000461
P, FÉLIX MARÍA DE CÁDIZ 735 de san Pedro y san Pablo; a él el resurgi n1iento espiritual del clero y del pueblo, que lo idolatraba como a un santo y a su verdadero padre; a él, en fin, se debe aquella manifestación de amor y cariño a su diócesis, cuando el ministro de Estado, en 1876, le pid ió una conferencia telegráfica en la que le dijo que «Su Santidad y el gobierno tienen formal empeño en que vuestra ilustrísima ocupe la metropolitana de Valenc ia», al que respondió en el acto : «Agradeciendo con toda la sinceridad de mi corazón la distinción con que se intenta honrarme, me veo precisado a contestar con respetuosa negativa, ya por mis años ya por mis achaques ya por el acendrado amor que profeso a mis diocesanos, cuya separación me costaria tal vez la vida , y ya porque debiéndose a esta causa mi permanencia en el obispado, sólo la cambiaría por su renuncia, para acabar mis días en ·un retiro. Todo esto lo sabe perfectamente el Santo Padre, sólo un precepto de obediencia del mismo , directo y formal, me obligaría a arrostrar la muerte, (1). Y presentó la renuncia al Santo Padr e, que no quiso admitirla para no privar a la Iglesia de un pastor tan solícito y vigilante. Pero aquel cuerpo, que no con'.)ció el rega lo y siempre estuvo tenso para el servicio dé Dios y el de las almas, caía cinco años después herido con varias enfermeda– des. Ya 110 podía continuar sus visitas pastorales, ni as isti r a los cultos como fué s:.i costumbre, ni atender personal mente a los negocios de la dió– cesis, y en tal estado estimó cuestión de conciencia el presentar la renun– cia, que le fué admitida. Al despedirse de sus ovejas, en tierna pastoral, después de darles sa~ pientísimos consejos, hablándoles de la virtud de Ja fe de Jewcristo, re– presentada en la de su Vicario, el Supremo Pastor d~ la Iglesia, les decía: «Para sostener y conservar esa fe, amad a María Santísima, que por ella vino la Luz, que es el Verbo Eterno, y sin ella no hay seguridad ni espe– ranza ni vida: amad a María , (2). Ya dimisionario, se retiró a Chiclana y, hospedado en una humilde al– coba, que por caridad le cedieron en su casa unos bienhechores, se agra– varon sus achaques y, viendo cercano el fin, pidió el Santo Viático para cuya administración vino expresamente el nuevo obispo de Cádiz. De los labios del moribundo no salían sino fervientes jaculatorias y ansias de volar al c'ielo expresadas con versos de los salmos. En sus últimos mo– mentos no cesaba de repet ir: Mafia Mater gratiae.. ., h1 nos ab hoste pro– tege, et mortis hora suscipe (3). Pronunciando dulcemente ;estas palabras se extinguía aquella preci ::. sa vida, cuyo recuerdo aú11 se cbnserva en Cá– diz como un regalo de la misericordia de Dios y, el 29 de didernbre de 1879, expiraba en olor de virtudes aquel ejemDlar obispo, que por antonomasia se le llamó y se le llama el santo padre Félix Arriete. Al morir se ha lló que su cadáver posaba sobre las tres tablas que sa– có del convento, en las que siempre durmió; que el.hábito capuchino vestía a su cuerpo y que el estandarte de la Div ina Pastora presidía el tránsito del apóstol al redil de la Jerusalén ce lestial. Las tres tablas se las llevó de reliquia el obispo prior de las Ordenes militares, el sayal capuchino, por disposición suya, se lo llevó él al sepulcro; el guión de la Divina Pastora pasó al seminario como bandera de combate del clero gaditano. l. lb., p~ 219. - 2. lb.. p. 220. - 3. lb., p. 215.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz