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P. FÉLIX MARÍA DE CÁDIÍ 733 Su influencia era tal, que causaba respeto hasta a los mismos enemi– gos de la Iglesia. Hallábase praclicando la visita, cuando se proclamó .la República y el cantón en la provincia de Cádiz. Un grupo de milicianos con su jefe iba casa por casa registrándo las para recoger las armas de los buenos. Llegaron lambién a la qasa, donde estaba hospedado el padre Félix y, golpeando la puerta, salió su familiar a ver quien llamaba . De pronto una voz bruzca dice: -Veníamos por las armas.-AI momento reconoce al clérigo y le pre– gunta: - ¿,Pero vi ve aquí el señor obispo? -Hace ya dos meses, contestó el familiar, que estamos aquí; ¿acai,o lo ignoraban ustedes? - -;Ah! pues entonces ... dispense, rep l icó aquef' temible jefe y mar– chóse con la cabeza baja - (1). Con el padre Diego de Cádiz, comisa r io provincial de los capuchinos de Andalucía fué siempre el lpzo de unión de los capuchinos andaluces exclaustrados haciéndoles un bien inmenso con el prestigio de sus virtu– des. Vivía siempre con ansias de ver la re~tauración de la Ortjen, que co– noció en el ocaso de su yidá asisti~ •n.do a las fiestas inaugu ralf s de nue:- – tro convento de Sanlúcéir, eri las que «predicó un grandioso y elocuente sermón • en frase del venerable padre Esteban (2). Su piedad parn con Dios no tenía límites y la manifestaba erigiéndole iglesias, r estaurando las ruinas y 'haciéndoles donaciones de retablos, ornamentos, imágenes y vasos sagrados. Sus rentas, si no iban a los po– bres, eran para los templos y sacerdotes hasta el extremo, que pudo decir el orador de sus exequias fúnebres: «El no sólo ha provisto de capillas a las aldeas, sino que ·ha reparado 1~ mayor parte de las iglesias de la diócesis. De sólo una ciudad, Medina Sidonia, puedo asignar que de los doce templos que cuenta .. ., siete fueron reparados en pocos años, princi– palmente a sus expensas» (3). Con el fin de mejorar y fortalecer el celo y espíritu de sus sacerdotes , a los que llamaba zagales del Pastor Divino y de la celestial Pastora, les invitó a hacer ejercicios espirituales, anunciando que él pagaría viaje y manutención a los presbíterps pobres. Los dieron dos padres jesuitas, pe– ro el obispo predicaba mafÍana y tarde. La satisfacción y entusiasmo de aquellos sacerdotes fueron tan cumplidos, que en agradeciniiento le rega– laron un riquísimo pectoral y anillo de oro y pedrerías. En aquel se leía: Recuerdo-Ejercicios 1876 - El cabildo y clero de la diócesis de Cádiz a su amado obispo. Legó ambas joyas a la catedral; el primero está en– gastado en la custodia del millón y el segundo en el cáliz que sólo se usa en las fiestas solemnes (4).. La devoción a la Santísima Virgén, sobre todo con el título de Pastora y del Rosé:rio, fué siempre un distintivo del padre Félix. Presidiendo su dormitorio, conservó su estandarte de la Divina Misio– nera , ante la cual le consultaba los arduos asuntos de su cargo, le pedía luz y acierto para resolverlos y le en~omendaba todas sus ovejas para que ni una saltase la valla del redil. En ~u despacho tenía una gran pintura de la Divina Pastora, copia de la de Germán Lorente, del Museo del Prado , l. íb., ~- 209. - 2. Carta a su hermano, 20 de diciembre de 1877. - 3. José M! León, o. c., p. 193. - 4. lb., pp. 203 y&.
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