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P. FÉLIX MARÍA DE CÁDIZ 731 ExcMo. P. FR. Hux M.ª ARRIETE DE CADIZ, 0B1sro DE DICHA CIUDAD. con el óbolo de su caridad. Nunca olvidó el padre Félix a su paralítico; siempre que veía al sacerdote acompañante, le entregaba una moneda de oro de veinte y cinco pesetas diciéndole: - Esto para el tullidito ~ (1). Más fuerte, si se quiere, es este otro rasgo de su caridad. Recibió cier– to día una carta en la que el firmante, perseg·uido por el gobierno revolu– cionario, le pedia una canlidad crecida para poder marcharse fuera de Es– paña y dejar alguna cosa a su familia, que quedaba en la miseria. Cercio– rado de la verdad del caso, mandó llamar al interesado y le dijo: -Mira, yo no tengo el dinero que necesitas. Toma este anillo-el mis– mo que sacaba de su dedo-véndelo, y así podrás salir de tu aprieto.– - Señor, replicó el favorecido, ¿y a dónde voy yo con esto que no crean lo he robado?- -No temas. Y si alg·uien duda, añadió el obispo, tráelo aquí - (2). Si se zscribiesen las gestas de caridad del padre Félix, formaríamos un grueso volumen, que bien podría llamarse Nuevas florecillas será– ficás . l. lb., pp. 205 y s. - 2. lb., pp. 109 y s.
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