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728 LA DIVINA PASTOí?A Y EL BTO. DIEGO J. DE C. recogió las imágenes que se habían extraído de ella, •levantó los altares que 1?e habían apeado con el fin de derribar el edificio y, colocado todo en el méjor orden posible , se restauró en ella el culto deb'.ido a la Divina Ma– jestad con edificación del pueblo cristiano .. . (continúa después la peti– ción de supresión del anejo). Fecha 5 de febrero de 18'44» (1). La solicitud debió ser despachada favorablemente, porque desde en– tonces Id Hamandad nombraba a su capellán y rector de la iglesia y lo hizo siempre en favor de los capuchinos exclaustrados, entre los cuales descuellan el pad re Mariétno de Orche, primero , y después el padre Ma– riano .de la Divina Pastora de Val verde (2). Este último fué el alma de la Congregación durante dieciséis años, y la misma Hermandad vivía sorprendida de los resultados obtenidos por este gran apóstol de la Divina Pastora, a la que consagró todtl su vida hasta la muerte (t 1887) (3). Ambos capuchinos y aquellos cofrades , cuyo amor a la Divina Pasto– ra no tenía límites, pues se gloriaban de haber nacido bajo la sombra de un cuadro que la representa ante el cual se mecieron sus cunas , que ben– decían a sus padres porque les enseñaron la devoción y que emplearon su · vida y riquezas en honrar con suntuosos cultos a su Madre y Reina, logra– ron elevar el rango de su Congregación al de las más célebres de la corte y buscaban para orador de su novena al más elocuente de España. La fama del padre Félix, como tal , había llegado a Madrid y fué invita– do para predicar la novena, quizás la del año 1857. No era ajeno a esta invitación el arzobispo padre Claret, que deseaba ponerse en contacto con el humilde capuchino a quien tanto había alabado el obispo de Cádiz. Al fin y ante las reiteradas súplicas , accedió el padre Félix y salió de su retiro de El Puerto para la capital de España. Los efectos de su predi– cación fueron los que eran de esperar, y así lo dice su biógrafo: «Tanto llamó la atención de todos aquella su inimitable y persuasiva elocuencia , tan nutrida de pensamientos escriturarías y de teología místi– ca, en lo que era admirable y único, que la reina y su confesor el padre Claret. .. le propusieron para el arzobispado de Cuba, a lo cual resistió, lleno de humildad, aunque fundándose en que el climá aquel no podía ser– le favorable » (4), Volvió de la corte para ocultarse más en su retiro de El Puerto, donde estaba aún cuando, el 1 de febrero de 1863, ocurrió la muerte del mentado obispo de Cádiz. Apesar de su retraimiento, se señalaba en toda la dióce– sis aJ padre Félix como el único presunto sucesor en la sede. Efectivamente, cuatro días después del fallecimiento del señor Arbolí, recibía el humilde capuchino la comunicación del gobierno, anunciándole que estaba propuesto para el obispado de Cádiz. La renuncia ante el go– bierno y el nuncio apostólico fué inmediata; pero en v,1110, dice su biógra– fo, pues «Cádiz entero, todos los católicos hijos de es(a ciudad y diócesis clamaban porque fueran desoídas por el gobierno las reiteradas súplicas del santo misionero , (5). Por otra parte la reina y el padre Ciare!, para conseguir sus planes , habían cortado el camino a las excusas de la salud, 1. lb., al fin sin p. - 2. lb., pp. 13-15. - 3. lb. y s. - 4. José M: León, o. c., p. 185, - 5. Ib.

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