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723 «Tanto se dió:a querer de lós 'tnaláguefio 1 s',' tant<?" '\e abrUmqba~·y~;,19- dos, acudiendo contfnuamenre a él para consultarle su~ gravísimos as,un– tos, sin darl~ paz y sósiego ni aun en las horas necesarias para el desdÚi– so natural...,:que huyó ... retirándose a El Puerto de Santa María, en el ci ~ar– tado rincón de la hospedería del convento de las Capuchinas» (1). Al desembarcar en Cádiz el padre Claret, ya dimision'ario del arzobis– pado de Cuba por haber sido nombrado confesor de Isabel II, triste y preocupadísfmo por las ovejas que había dejado huérfanas, deseaba en– viarles un pastor solícito, que cuidara de conservar el bien hecho a aque– lla su querida grey. Ep una de sus conversacio'nes con el obispo, el señor Arbolí, hubo de decirle: - «¿No podría usted indicarme, hermanito, un buen misionero, que me sucediera en el arzobispado?-Y le contestó en seguida el señor _Arbolí: - Uno sólo conozco y recomiendo a usted, un fraile capuchino, que vale muchísimo, el padre Félix» (2). En la pqgina 583 se anotó el origen de la Congregación del Santísimo Sacramento y Divina Pastora establecida en nuestra iglesia de san Antonio de Madrid y ahora debemos reseñar su floreciente desarrollo, que servirá de marco a un hecho trascendental de la vida del padre Félix. La Congregación; fundada en unión de los capuchinos por don Fran– cisco Ruiz en 13 de diciembre de 1818, no alcanzó los honores de tal has– ta quefué autorizada y distinguida por Fernando Vil con título de real el 10 de mayo de 1833. Con tan fausto acontecimiento quiso que sus Consti– tuciones fueran avaladas con la autoridad del general de los capuchinos, que lo era aú,n el padre Juan de Valencia, el cual, a la solicitud , que le re– .presentó la Hermandad, contestó con el siguiente decreto: «Vista esia solicitud y los robustos motivos en que se apoya; conside– rando al 111isn1b tiempo que no puede ofrecerse -a nuestro corazón un obje– to más grato -,g'ue el de contribuir por nuestra parte a promover.el culto de Jesús Sacran1entado y de su Santísima Madre María, ',pajo el dulcísimo título de Pastora de nuestras almas, título con el que Ú)nlo se horira a los capuchinos de España cómo Patrona de sus misiones; venimos muy gus– tosos, con acuerdo de nuestro reverendísimo definitorio general, en con– fihnar como por el presente confirmamos» (3) el Reglamento de dicha _C6:ngregación. · Un doble motivo requería este documento: el estar enclavada la Aso– ciación en iglesia capuchina y el ser vice-protector nato de ella pór"ef ar– tículo tercero del Reglamerifo el padre provincial, como era protecfor; por el'segundo, el duque.de Medinaceli. Los cófrades usaban de insignia un bellísimo escapulario. que osten– taba en la 'parte del pecho un grabado, tirado en seda bla_nca, con la cus– todia y la Divina' Pastora, coronadas por el Espíritu Sahto centrado en diadema de doce estreH_as y al pie la inscripción: Todos vosotros sois las ovejas de mi rebaño (Ezec,, 34), Llevaba otro grabado en la parte de la espalda consistente en un sol donde campeaba el Ave María con la·media luna abajo. El color del escapulario era el del hábito capuchino y las cintas U> . . . . 1. José M." León, o, c., p. 186. - 2. lb., pp. 143 y s. - 3. MEMORIA HISTÓRICA de la Con• gregación del Smo. Sacramento y Divina Pastora... leida por su secretario D. Antonio Riestra en la junta general... 6 de enéro de 1888. Madrid, p. 6. Arch. prov. de lós cap. de Castilla.
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