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722 LA DIVINA PAStORA Y EL BTO. DIEGO J. DB é. cuidado de las hachas y de todo lo concerniente al culto del jubileo, res– taurand·o': así la eucarística institución, que con tanto celo fundó fray Diego (1). · El padre Félix, para esquivar la gran veneración que le profesaban sus paisanos y en busca de recogimiento espiritual, se retiró a vivir en el exconvento de los capuchinos de Málaga, donde residía como ~apellán de su iglesia el padre José de Vélez, un verdadero apóstol de lp Divina Pas– tora. Pero aquí, como en Cádiz, muy pronto brillaron sus ·virtt:des hasta el extremo que llegó a ser el brazo derecho del señor Cascallana, obispo de la diócesis, y el director espiritual de una juventud malagueña que des– pués ocupó los principales cargos de la nación (2). Lo que prueba que el don de proselitismo que poseía el padre Félix para atraer a tocta clase de p~rsonas y particularmente a los hombres en esa difícil edad, fn que ta7- tas dudas se sucitan y tantas crisis morales se sufren. ' ; . Fundó la Congregación de san Félix de Cantalicio y «fué c~mo el a:1- cho campo en que se daba cita la juventud que, ávida de perfeqción cris– tiana, se dejaba conducir amorosamente por aquel pastor privilegiado, en cuya frente brillaba la inspiración de los grandes santos que · Dios ha;;e surgir, en épocas difíciles, para salvar las sociedades y los in4ividuos. Y no era sólo la capital, los pueblos todos de aquella provincia Jo tuvieron de misionero en no pocas ocasiones, y especialmente la ciudéld de Ante- quera> {3). . . Como auténtico sucesor de su paisano fray Diego, jamás se sepa~ó del estandarte de la Divina Pastora. Con él recorría los campos, visitaba los pueblos y predicaba a las muchedumbres, renovando la d,evoción con tan vivos efectos que aún en Málaga florece, como fruto de sus misiones. En unión con el citado padre Vélez fomentó en la iglesia de capuchinos los cultos de la Divina Pastora, que se hicieron famosos y llegaron hasta nuestros días (4). 1. Ib., p. 183. - 2. Entre los jóvenes se contaban don José M.ª Aranda, mayordomo :le S. M. y su mujer doña Victoria Saavedra, hija del poeta Duque de Rivas, camarista mayor de Isabel II; los futuros obispo de Málaga, don Juan Muñoz Herrera, y el arzobispo de Granada, don José Moreno Mazón; don Antonio Iriarte y de Pablo Ruiz, célebre canónigo, y muchos otros que fueron dignfsimos sacerdotes. Ib., p. 184. - 3. Ib., p. 1,85. - 4. El P. José de Vélez (1810 t ), era corista en 1835 y se ordenó de presb. después de la exclaustración. Su amor a la Orden fué extraordinario, permaneciendo de custodio y capellán de nuestra iglesia de Málaga, para la cual reunía ornamentos y vasos sag~ados, esperando siempre que volvieran sus l-..er– manos. En unión con la Asociación de S. Félix, fundó la Hermandad de la Divina Pastora con un coro de jóvenes que cantaban en su novena anual y en los primeros domingos de cwa mes, acrecentando así la devoción del pueblo malagueño a su celestial Pastora . Era humil::lí– simo, penitente y 'tan pobre que a veces se hubiera acostado si~ cenar apenas si los fieles no le hubieran dado alguna vianda. Todo lo repartla entre los necesitados y el culto de la Divi– na Pastora. Nombrado obispo el P. Félix, quiso llevárselo de secretario, sin conseguirlo, pues deseaba seguir en su humilde puesto. Mas llegó su necesidad y penuria a tal extremo, que al fin marchó al lado del obispo y en Cádiz murió probablemente. La marcha del P. Vélez debió coincidir con la venida al convento de las Hnas. Hospitalarias, que fueron reemplazadas en 1888 por la comunidad de clarisas que actualmente lo viven y cuidan con celo de la imagen y ·de los cultos de la Divina Pastora. (Noticias tomadas de algunas cartas de dichas religiosas y de una MEMORIA DE LA HERMANDAD DE LA D. PASTORA DE MÁLAGA, escrita por D. Rica:<lo Ram(rez Vergara. Mllseo de la Divina Pastora).
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