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718 LA DÍVINA i>ASTÓRA Y BL Bto. DÍBGÓ j. DE C. Como buen pastor quiso co– nocer sus ovejas y se lanzó por tres veces a girar la san– ta visita, que era una conti– nua misión con el estandar– te de la Divina Pastora. Por todas partes repartía cuan– tiosas limosnas, todo su pa– trimonio, porque sólo se re– servaba lo necesario para vivir con austeridad capu– china. La salud del anciano obispo se resintió, más que · por los años por el abruma– dor apostolado de su celo. Dos accidentes ocurridos úl– timamente en la visita canó- , nica le rindieron, y para re– ponerse y tratar de los asun– tos de la diócesis marchó a Roma quizás a principio de 1867. SELLO EPISCOPAL CON El ESCUDO DE ARMAS DEL P. CARRIÓN. Aquí obtuvo del Papa licencia para prepararse un convento en España y vivir retirado en los·úttimos años de su vida. Por otra parte debió sos– tener conversacion;~s con nuestro padre general sobre la urgencia de res– taurar la Orden en España, y éste que lo deseaba y pretendía abolir el co– misariato apostóli90, expidió, con fecha 11 de junio de 1867, un decreto nombrando a Monseñor Carrión su comisario general de los convrntos que fundase en España (1). Con estas facultades se vino a su patria y muy pronto consiguió del rey consorte la cesión del convento de El Pardo - por entonces cerraéo ~, con anuencia de instalar en él una comunidad de capuchinos bajo la con– dición de que vistiesen el traje del clero secularfuera de la clausura. Con toda rapidez resolvió cuantas dificultades se presentaron y el ve– nerable obispo tuvo, el 24 de junio de 1868, la gran satisfacción de investir la librea capuchina a quince postulantes, dos de ellos presbíteros, que engrosaron la comunidad, ya formada, de los exclaustrados. Asistieron al acto el nuncio de Su Santidad, el obispo de Oviedo y muchos fieles atrai– dos por la novedad de la ceremonia. l. Arch. de la curia gel. de los cap., HISPANIA I, donde está la minuta. Con este decreto procedió el padre Carrión independientemente del comisario apostólico, padre Joaquín ce Ma– drid, el cual se quejó de ello a la S. S. por estimar lesionados sus derechos y la INTER CRAVIO· RES. La S. S. pidió informes del asunto al padre general y éste inform9 poniendo al descubierto ·la pasividad del recurrente en la restauración de la Orden, debida a rehuir encerrarse en un convento_ y a sus muchos años. Posc~riormente (marzo de 1869) la S. S. quiso conocer las facultades dadas al padre Carrión y manifestó la conveniencia de que dependiese en el par– ticular del comisario apostólico. Ib. Trátase de una cuestión jurídica, al parecer, favc,rable a este último.

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