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762 LA DÍVINÁ PASTORA y EL BTO. j. bE t. hora a la ·viña de Dios-, nos hemos formado con las aserciones unifor– mes y constantes de aquellos que convivieron con el siervo de D'. os o admiraron de cerca sus inmaculadas virtudes. Ninguno de nos.otros tuvo la suerte de conocerlo personalmente. En la ciudad de Orfa, donde vivió los cortos años de su vida apostólica, sobreviven ya poquísimos de los que le conocieron, se tiene en mucha veneración su memoria y ne se pronuncia su nombre sino poniendo la mano sobre la cabeza en se'íal de gran respeto ... Cuando recibí en agosto de 1883 la obediencia para ir a Roma, se me presentó la ocasión propicia para conseguir mi empeño de visitar a Tokat, donde reposan los restos mortales del padre José de B:ir– gos... A la mañana siguiente de mi arribo visité el sepu lcro del padre José, que está en la iglesia catedral de los armenios católicos ... Una lápi– da, a nivel del pavimento, tiene esculpido el nombre del padre con la fecha de su tránsito a la otra vida, 20 de setiembre de 1845... El actual obispo ar– menio, prelado muy piadoso, siendo entonces sólo sacerdote, lo cono::ió y lo asistió en su muerte. Dicho prelado me narró algunos casos de cu– raciones y de gracias, atribuídos a la intercesión del difunto por la con– corde estimación de los ciudadanos así católicos como cismáticos. Entre otras cosas me hizo notar la aptitud especial, lo diré así, de esta intu– cesión para hallar los objetos perdidos, de lo que se originó el uso, que aún sigue, de- encender luces en su tumba, invocando su ayuda para en– contrar las cosas perdidas. Su tumba también es visitada por los mu– sulmanes. Los reverendos padres de la Compañía de Jesús , residentes en Tokat, me hospedaron con suma cortesía, verdaderamente fraterna, y ·se– manifestaron deigmil modo que el señor obispo sobre la fama de santo y poderoso mediador ante Dios, que goza en Tokat el padre José, y esto a p.esar que han transcurrido treinta y ocho años desde su muerte. Creo d~s– cubrir otro indicio d¿ dicha reputación en las particulares demostrac~ or.es _ele simpatía con que he sido acogido y visitado por el pueblo católico de Tokat. Era yo el primer capuchino que pasaba por allí hacia Constanti– inopla después del padre José, que iba al mismo punto, pero que no pudo ·:eg·ar, porque fué llamado por Dios aquí a la beatitud de los santos. Al ver de nuevo aquel hábito que llevó un varón tan amado para sus corazones , .se alegraron con vivo júbilo aquellos pocos, que podían aún gloriarse de haber conocido en vida al padre José de Burgos. En las demostraciores de estima, afecto y de casi veneración, que se me tributaron a mí porque me presenté en Tokat con la venerable divisa que vistió el padre José, no pude menos de reconocer un signo claro, un indudable argumento en favor de su fama de santidad , (1). Hasta aquí llega la carta del padre Juan Antonio con relación a nues– tro asunto. Su -dictamen es sereno y concienzudo y acredita una gran ca– pacidad y prudencia; pero creemos que debió sobreponerse a las dificul– tades y haber incoado el proceso informativo, aprovechando la vida del obispo armenio que lo conoció y veneraba. Las relaciones citadas y la mem@ria del venerable con olor de virtudes heroicas son un vivo te1:ti– monio casi completo de la causa. Dio<J no lo quizo así; adoremos sus ' n• sondables designios, pero pidiendo y confiando que llegue un día en que 1. Ib. et. id.
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