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P. JOSÉ DE Birnaos 7ói debajo del hábito clerical llevó constantemente el hábito capuchino com– pleto, menos el capucho, a raiz de las carnes, y que ayunaba a· pan y agua los viernes, y en general era penitentísimo y mortificadísimo, y siempre humilde, afable, caritativo, modestísimo, etc. De sus _procederes en Meso– potamia la Sagrada Congregación tiene todas sus comunicaciones y acá hemos visto varias que han insertado los periódicos religiosos, etc. Sea dada gloria a Dios por todo. Amén. . «Es cuanto por ahora puedo informar a vuestra reverendísima para que sirva en el expediente que ha de enviarse a Roma, pues estoy persua– dido de que a vuestra reverendísima e~ a quien toca o corresponde oficial– mente llevar este grande objeto a honra y gloria de Dios y honor de nues- tra Religión seráfica » (1). ,, Un poco más tarde, en 1887, los superiores de la Orden comisiona – ron para la empresa del proceso al padre Juan Antonio de Milán, prefecto apostólico de Mesopotamia y, haciendo relación de sus investigaciones, afirma: «En cuanto· al caso particular del padre José de Bu"rgos, de venerada memoria, hay que lamentar por cierto que, inmed.iatamente después de su muerte a la que siguieron noticias de gracias atribuidas a su interce– sión, no se hubiesen hecho mayores diligencias y más clepuradas inves– tigaciones para recoger, en torno a las virtudes de que estaba adornado, noticias más positivas, coreadas de hechos favorables, dándoles el debido relieve. Entre las personas, que para el caso conocían íntimamente 'al padre José de Burgos, se encuentran en primer lugar: Monseñor Nicolás Castells de Barcelona, muerto en Mardin el año 1873, y el padre Angel de Villarrubia, fallecido aquí el 10 d.e marzo del pasado año. Aquél, en su crónica, habla del padre José como de un religioso por todos conceptos eximio, piadoso, mortificado, unido con Dios, adornado de excepcionales dotes de espíritu y corazón. Éste, que convivió con él cerca de tres años en la residencia de Orfa, fundada por ambos entre muchas vicisitudes y graves peligros, aseguraba muchas veces en sus conversaciones familia– res que el pa_dre Jos·é era un religioso de costumbres angélicas: elogio conciso, pero de gran valor en los labios de quien lo pro •1'1 siendo uno de los · hábitos espesiales del padre Villarrubia la pi r 4~FJt('' _a. lábar. Entre las notas esparcidas y los escritos españo d~ ·J ,1,, r él , cuidaré d~ recoger y llev_ar conmigo cuanto pueda ha~, ,e t~:~f un- to . Del mismo padre Jose se conservan algunos aut ,g il-~-d' al- gunas relaciones a la Pi'opaganda, algunos se · n . . ·y¡J ,e- morias. Todo podrá servir para nuestro objeto. ·-e ,ij~'-·p¡\'~. n, que en general tienen los misioneros actuales de '"" r1 "-}!,:~ 1 el padre José de Burgos, es la de un religioso recome @¡lt ~- ;fffih~ piedad y s.us eminentes virtudes. Este concepto es i ~ - .L~. '"i· J(i~y tre todos nosotros. En el periodo de casi ocho años, des '--4'tri~, _ W es– cribe tuvo el honor inmerecido de ocupar el cargo, primer ~~¼i~<Ípado por un varón tan ejemplar, no le ha ocurrido jamás oír una paiito'ra o una alusión que ni de lejos pueda aminorar la integridad o bien oscurecer el esplendor de aquel concepto. Concepto que nosotros -venidos a última •' 1. Carta fechada en Cádiz a 4 de noviembre de 1861, dirigida al P. Joaquín de Madrid, et id.

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