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700 LA DIVINA PASTORA Y EL BTÓ. DIEGÓ J. DE é, Arrojado de su convento de Málaga, conservó el santo hábito capuchino debajo del clerical, proporcionándose un aumento de mortificación , sobre todo en el verano, y sin alterar los usos y costumbres de la Orden en cama, comida, etc., etc. Su celo por la verdad católica y adhesión a la Santa Sede le proporcionó una persecución dura de parte de las autorida– des de aquel tiempo, y fué sacado de su habitación en Cádiz para una pri– sión. Su porte mansísimo y edeficante debió conmoverlos y convencerlos, porque a poco lo vimos en libertad entregado a las tareas del santo minis– terio conque produjo grandes frutos de santidad en las almas , y aún se conservan en Cádiz testimonios y no pccos que los recuerdan con glo, ia. Tuve la satisfacción de hacer un viaje con él hasta l1alia , y' toqué más de cerca lo que antes observaba a cierta distancia; lo confesé en el mismo viaje y después por el espacio de casi tres meses, hasta nuestra separa– ción, y me encontré con un hombre de Dios, aprovechadísimo en las vir– tudes cristianas y religiosas, muy inflamado en el fuego de la caridad divina y ardiendo en deseos de dilatar el reino de Dios y con grandes disposiciones para el martirio. Siempre lo ví igual, inalterable, pacífico, desprendido y sumamente humilde. Todo esto puedo decir hasta el año 40 en que nos separamos: lo demás pertenece a otros» (1). De igual importancia es el testimonio del padre Diego, comisario pro– vincial de Andalucía , que dice así: <El expresado padre Burgos tomó el santo hábito el año de 1820 en Sanlúcar de Barrameda y, suspendidas las profesiones a poco tiempo, en vista de .la conducta edificante del novicio le conservó la comunidad co– mo profeso (quitándole el ca parón) y reunida aquella comunidad (por falta de individuos) a la de Jerez de la Frontera, fué también allá en el sentido indicado el novicio Burgos, el cual profesó en 1824 cuando ya no había in– conveniente. En todos tiempos fué edificantísimo en su conducta, como religioso el más observante. Concluídos sus estudios, fué maestro de es– tudiantes en Sanlúcar y lector de filosofía en Málaga, en cuyo desempeño le encontró el tiempo de la exclaustración: allí no fué preso, sino que pasó a Algeciras, .donde el año 1838 desempeñó el púlpito cuares·mal con el más bien mereéido aplauso, por su fervor, virtud, etc. Allí mismo estuvo 11.:ego encar.gado de la dirección del Hospital de Caridad con el más santo celo , ejemplos y.frutos de los pobres enfermos: y allí le movieron persecucio– nes, .qu~ I_e obliga.ron a venir a Cádiz, (pienso que fué el año 37 o 38). Aquí estu.vó -erifermo de peligro y administrado; pero siempre edificantísi– \no y ferv'orosísimo en el púlpito y demás actos sacerdotales. Pué muy crÜicado y rn.urmurado de los que llevaban a mal su santa libertad y valor evañgélico, y poi: ti;into muy perseguido: así es que una noche tempestuosa lÓ prendieron .y llevaron al Castillo de San Sebastián o de Santa Catalina, y él loa: contentí_simo en medio de la lluvia y tormenta. porque padecía por Jesuc_risto. N.o justificándole delito alguno, tuvieron que darle la libertad (como:.i:J' sús compañeros perseguidos), después de muchas necesidades , trabajos y demás que sufrió en aquella prisión y siempre lleno de alegría . «Permaneció en Cádiz siempre edificantísimo y fervorosísimo en el ministerio apostólico hasta la fecha en que salió para Italia en compañía del padre Félix de Cádiz. Lo único particular que he podido saber es que l. Testimonio c., et id.
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