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696 LA. DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. «No dudo, eminentísfo10 señor, que vuestra eminencia prestará pro– picia acogida a esta sencilla narración y la referirá a la Sagrada Congre– gación, que dignamente preside, a fin de que los eminentísimos seño:-es vocales nos acompañen ·a alabar a Dios en testimonio de gratitud a tan señalados favores como nos dispensa. Mientras tanto queda a las órdenes de vuestra eminencia y besando su sagrada púrpura me protesto.-Orfa, 7 de junio de 184.3.-De vuestra eminencia afectísimo y humildisimo ser– vidor .-Fray José de Burgos, capuchino, prefecto apostólico de la Me– sopotamia» (1). La borrasca se disipó y la bonanza seguida dió una cosecha más pingüe de prosélitos y catecúmenos. Tántos· eran, que el prefe.cto cr.:yó necesé;lrio conseguir un firmano para asegurar bien las conversiones de los jacobitas y herejes, y útro, para poder adquirir terrenos con destino a cementerio católico. Dichos documentos sólo podría alcanzarlos en Cons– tantinopla. Sus ansias de servir a la misión le movieron a emprender el largo viaje, en pleno estío de 1845, por las ardientes regiones de un clima casi tropical. Sufriendo fatigas y sinsabores, pudo llegar a Tokat, importante población de la Armenia Menor. Desgraciadamente, durante el camine, se había contagiado de tifus , y apenas puso pie en la ciudad, presagió su muerte. El misionero, padre Villarrubia, en carla al cardenal Fransoni, refiere lo ocurrido así: «Habiendo llegado ( el padre José) a Tokat... un poco indispuesto, se hospedó en el monasterio de los padres armenios católicos de dicha ciu– dad, donde su dolencia se agravó enormemente y, a pesar de la solícita asistencia de tres médicos europeos que afortunadamente se encontraban allí, a pesar de haberle suministrado las medicinas ·que con pericia creye– ron convenientes , al sexto o séptimo día de su enfermedad, después de recibir los santos sacramentos con toda devoción, después de haber dis– puesto de lo poco que llevaba consigo, consumido por las tareas y fatigas apostólicas, mártir de deseo, pleno de singulares y excelentes méritos, el día 20 de septiembre, de inconsolable memoria para nosotros, a las dos de la mañana, a los 45 años de su edad, amorosamente rendía su bendita alma a su Creador para recibir la corona de justicia verdaderamente debi– da a su admirable heroicidad , (2). Un historiador añade lo siguiente: «Expuesto su cadáver en la iglesia armenia por veinte y seis horas, fué un continuo ir y venir de la gente, que se precipitaba sobre él para besarle las manos y los pies como a un santo. Se le hicieron solemnes exequias, y clero y pueblo determinaron darle honorífica sepultura en la misma iglesia catedral armenia. Sobre su sepulcro fué colocada una lápi– da de mármol, cuyo epitafio dice: - HICJACET A. R. P. JosBPHUS A BuRGE , HISPANUS FRATRUM CAPUCCINORUM, PRAEFECTUS APOSTOLICUS Miss. MBSO– POTAMIAE. ÜBIIT DIB 21 SEPT._ANNO 1845» (.3). l. SEVILLA. IMPRENTA DE DON MARIANO CARO. NovIEMBRE DE 1844. El ejemplar pertene– ce al Museo de la Divina Pastora. - 2. Fechada en Orfa, 15 de octubre de 1845, arch. gen!. de los caps. et íd. - 3. P. Terzorio, LE M1ss10NI DEI MENOR! CAPPUCCINI, t. 6, p. 296,

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