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!> , JOSÉ oe BURGOS 695 «¡Oh, qué cuadro tan interesante para los cielos y la tierrn! Los án– geles observan desde las refulgentes galerías de la gloria las evoluciones, los progresos y el fin de este combate. Los ·hombres miran con admira– ción a los dos defensores de la fe, peleando en las llanuras de un grande estrado con los sanguinarios amalecitas del Alkorán, mientras que los de– más compañeros en el monte del templo santo, a manera de otros tantos Moisés, elevan sus manos sacerdotales al cielo implorando las divinas misericordias y conjurando a los espíritus infernales, que entonces, más que nunca, hacen todos los esfuerzos posibles para triunfar en·una bata.– Ha, que viene a ser la decisiva. «Pero no hay que temer. Jesucristo vence, la cruz triunfa, Maria Santí– sima, Divina Pastora de las almas, levanta su cayado, hiere en la cabeza éll príncipe del averno, cae éste con deliquios mortales en .lo más hondo del abismo, sus negros escuadrones, llenos de un terror pánico, se dis– persan y huyen despavoridos a ocultar su ignominia en las cavernas in– fernales: la Religión corona sus sienes con los laureles de una· insigne victoria y el catolicismo queda hecho dueño del campo. «Sí. el Bajá 110s recibe con benevolencia , nos atiende con cortesía , m>s obsequia con el café, escucha atento nuestras propuestas y pronuncia sentencia favorable a nuestra causa. El Cadí se nos muestra como amigo y nos dá señales .de protección. El Muftí, primer jefe del culto, disimula con sagacidad los progresos de nuestra Religión, casi diametralmente opuesta al musulmanismo. Los Efendís y Mag·nates de la ciu.dad se ponen de acuerdo con los magistrados y autoridades para permitirnos continuar eri la edifiéación de nuestro Hospicio. Los Imanes de las mezquitas y de– más turcos se someten a la disposición del gob'ierno. Los obstinados he– rejes pierden su pleito no sólo en el consistorio divino, sino también en el tribunal de Mahoma. L'a ciudad se aquieta y reposa en placentera éalma . Muchos d_e los que antes parecían lobos furibundos, ahora se presentan a nosotros cual mansos corderos, tributándonos homenajes y deferencias . En una palabra , todo muda de aspecto y nuestra sagrada misión consolída hoy sus estables fundamentos. ¡Admirable prodigio! ¡Transformación pro– digiosa! Es preciso colifesarlo, eminentfsimo señor: Digilus Dei es/ hic. Bendito sea el gran Padre de las misericordias y la Emperatriz Soberana de los ciel_os que con tan brillantes rasgos de piedad nos favorecen. Nos– otros seriamos los niás in gratos del mundo si, a vista de tantas maravílfas obradas ·e11 favor de nuestra misión sacrosanta , no 'las publicásemos para gloria.de Dios y edificación del pueblo cristiano. Nuestros carísimos com– pañeros, recién venidos .de Europa, al ver tales portentos se e.lectrizan y, llenos, de ·un religioso entusiasmo, elevan sus corazones al cielo , bendicen la mano .protectora de-! Omipotente, entonan con nosotros cánticos _de al.a– banza a María Sant_ísi1:na la Divina Pastora , en tes timonio de g-ratitud a tantos favores, ·· y una y mil veces r·epiten: ¿Qué. prueba queremos más auténtica de la divina Provider~cia? Nosotros mismos estamoi:s , viendo y tocando sus máravillosos efectos . Jamás hubiéramos creído hechos tan estupendos. si por nuestros propios ojos no lo hubiéramos visto. Sea, pues, el nombre del Señor bendito por todos los siglos, y bienaventurada llamen todas las g-eneraciones a su Madre Santísima, Consoladora de los afligidos, .
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