BCCCAP00000000000000000000461

694 LA DiVINA PASTORA y EL eto. brnáó J. be é . remedio y poner de nuestra parte todos los esfuerzos posibles, a fin de que el estandarte de la fe saliese triunfante de tan reñido combate. «Con efecto, unánimes en sentimientos, todos los inisioneros decre– tamos hacer un novenario de rigurosos ejercicios espirituales en obsequio del Buen Pastor Jesús y de nuestra amabilísima Patrona la Divina Pastora , ayunando y disciplinándonos todos los días, dando también principio con un triduo, aún más riguroso, ayunando a pan y agua, exorcizando a los demonios e implorando el patrocinio de los santos. Justamente aquel triduo se combinó con los tres días de rogaciones en que toda la Iglesia se pre– para para celebrar la fiesta de la Ascención triunfante del Salvador a los cielos. Y al tercero día, miércoles, en que varios reinos católicos de Euro– pa solemnizan la fiesta de María Santísima bajo el título de Auxiliadora de los cristianos, fuimos citados al Serrallo para deliberar sobre nues:ra causa en pleno Diván del Bajá , del Cadí , de los Efendís y Magnates, reu– nidos en aquel imponente consistorio. El padre Angel y yo, soldados ve– teranos en esta mística campaña, avezados a combatir con las formidables falanges de la media luna, fuimos al campo de batalla para guerrear conira aquellos fieros enemigos de la cruz, mientras que los demás compañeros, retirados en el templo, postrados ante las aras del Altísimo y dirigiendo sus afectos hacia la embelesante imagen de la Reina de los ángeles, oran con fervor , piden por nosotros, ruegan por nuestro pueblo y co·njuran a los demonios para que no impidan el triunfo del catolicismo. ¡Qué momen– tos tan críticos, eminentísimo señor! ¡Qué contraste de ideas tan opuestas! «La imagen de la Religión divina se deja ver estampada en nuestras fren – tes serenas, mientras que en el semblante aterrador de los . mulsumar.es aparece el símbolo de la barbarie, de la crueldad y de una reprobación eter– n¡;i. El voluminoso turbante que llevan sobre su cabeza, el largo cabello de su barba mal peinada, su rostro denegrido y serio, el vestido talar y ~us mantos matizados de vivos colores , las alfombras y tapices de sus diva– nes, con la multitud de ministros y esclavos que los acompañan, formaban u·ná asamblea mixta de majestuosa y formidable. ¿Qué parecerían, pues , dos .hijos del seráfico patriarca, sin más armas ni más adorno que el sim– ple y tosco hábito capuchino, puestos en medio de aquel Senado? ¿Des– fallecerían, acaso, de ánimo o les faltaría el valor y la confianza para de– fender la causa del santo evangelio? ¡Ah! No por cierto. Para gloria de Dios sea dicho. Vivo teníamos el recuerdo de aquel oráculo del divino Maestro: Cuando estuviéreis delante de los príncipes y magistrados, no penséis lo que ni el modo con que habéis de hablar, porque el EspÍritu Santo os dará elocuencia y sabiduría, a·que no podrán resistir los prín– cipes de este siglo. No se nos ocultaba en tales circunstancias que en la mano del Señor están los corazones de los reyes, y fácilmente puede in– clinarlos a la parte que sea de su mayor beneplácito. Estos testimonios de un Dios, que no sabe ni puede ser infiel a sus promesas con la santi– dad y justicia de la causa que defendíamos, engendraban en nuestro cora– zón un valor intrépido y una esperanza casi cierta de la victoria. A mí se dirige la palabra, como jefe de esta espiritual milicia y como primer repre~ s'eiüante del catolic:ismo en el círculo de más de 240 leguas, y yo tengo que calificar las proposiciones, responder a los interrogatorios que se me ha– cen y sostener la defensa de nuestra misión apostólica y Religión sac, o– s·anta .

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz