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P. JosÉ DB BURGO§ 691 el padre Simeón de Villafranca que está en el convenio de Roma; el padre Gabriel de Sevilla, en el de Reggio, provincia de Módena; el padre Fran– cisco de Barcelona, en el de Oubbio, provincia de Umbría, y si cualquiera de estos no puede, sería a propósito el padre Cipriano de Peñacerrada o el padre Francisco de Muro, los dos están en el convento de Bolonia. La importancia de esta providencia está clara si se considera cuán abun~ dante sea la mies en estas regiones y cuán pocos los operarios, en tal g-rado que, en el diámetro o distrito de ochenta y cinco leguas o sea tres -. cientos cuarenta leguas cuadradas, no hay más sacerdote católico que mi querido compañero el padre Angel de Villarrubia y yo, establecidos recien – temente en su centro .» (1). Basta la lectura de los párrafos extractados de esta carta pata que se pueda formar una idea de los privilegiados dotes de gobierno que natural– mente adornaban al padre José. ¡Cómo sabe donde moran lo.s religiosos que necesita; cómo ha intuido certeramente el valimiento . de . cada uno; cómo encabeza la expedición con el padre Esteban de Adoain! Como un profeta, presintió la santidad apostólica de este siervo de Dios próxi!no hoy a ser elevado a los altares. La petición del viceprefecto fué oída por la Propaganda, que le envió nuevos o::,eréirios, y el progreso espir.itual conquistado rápidamente por los misioneros debió impresionar tan gratamente .a Roma, que la .. misnia Sagrada Congregación , poco después, en 30 de agosto de 1842, declaraba a la misió;i _de Mesopotamia independiente de la de Siria, la ponía bajo los auspicios de la Divina Pastora como su titular y Pafrona, y · nómbraba , por su primer prefecto apostólico ~I padre José de Burgos. · -~.' La misión, sin embargo, se había fundado en la mayor estrechez y pobreza. Ya vimos las penurias sufridas en los viajes, penurias é¡ue con– tinuaron después en el nacimiento y progreso de la misión haciendo que los misioneros .viviesen en perpetuos sacrificios. Muchas veces se le pro"' metieron auxilios desde Europa, pero no llegaban. Manifestando esta· tris– tísima situación en la citada carta, decía~ <Ingresos ciertos de la misión, durante elaño.: la gracia de Dios. Por lo demás, todo .son salidas ciertas e indispensables». Dos años después 1 seguían los misioneros en la mayor pobreza, pudiéndole añadir en otra carta, de 19 de marzo del 43: «Aún dormimos dos en una habitación que, por su rusticidad, representa la gruta de Belén; y los otros cuatro duer– men en una pobrísima, que forma parte de la igl.esia, envueltos en una . sola marita sobre el santo suelo. Los hábitos se nos caen a pedazos. Y:o, por.ser el prefecto, llevo uno que consta de cuarenta y cinco pedazos. Le-: gumbres insípidas, hierbas mal condimentadas y algunas frotas es el ali – mento cotidiano de .estos apostólicos guerreros ., Si .el Padre de la mise- · ricordia y de toda consolaciónº no consolase nuestro espíritu de un modo admirable v no conservase la robustez de nuestro físico, sin duda . que las persec~ciones. los trabajos, la miseria y la desolación habrían termi – nado ya con nuestra vida.'. .Pero no:, gracias infinitas sean . dadas al Dador de todo bien ya que, en medio de tantos sufrimientos,-llueven sobre.noso– tros las consolaciones; Él bendice desde lo alto de los montes de ·Sión' '·· -1. CARTA; 4 de noviembre de 1841, ib: -er Id.

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