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688 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. argüir contra los enemigos de nuestra religión sacrosanta; dirigir súplicas a Dios y aún a los mismos hombres por el feliz progreso del cristianismo; increpar con la eficacia de nuestra doctrina evangélica a los ingratos y re– beldes; hacer , en una palabra, con todos y para todos el oficio de evan– gelistas cumpliendo así el sagrado ministerio que nos honra, según el consejo de san Pablo. Nada importa que la ignorancia, la barbarie, el fanatismo, la maldad o el odio de algunos turcos y de otros i,nfieles, arro– jen sobre nosotros torrentes de piedras, nos escupan en el rostro, nos hagan blanco de burlas y nos amenacen con la muerte , como ya todo esto muchas veces se ha verificado. El Señor Dios de los ejércitos, que nos ha enviado como corderos entre lobos, nos defiende con su admirable pro– videncia; nuestra amantísima Pastora nos proteje con su pastoral cayado, y así nada nos intimida. Estamos dispuestos con el auxilio divino a de– rramar nuestra sangre con tal de librar vuestras almas de la condenación eterna que os amenaza. «Mas, ¡ay de vosotros, si después de tantos auxilios por parte de María .Santísima nuestra Divina Pastora, de tantas fatig·as apostólicas de parte de los misioneros que el Señor misericordiosamente os envió , per– manecéis tranquilos en los desiertos de la infidelidad , en los pantanos de la herejía, en las fosas del cisma, en los laberintos del error o en los te– nebrosos bosques de la culpa! ¡Ay de vosotros, si cerráis la puerte de vuestro corazón a esta gracia santificadora! ¡Ay de vosotros, si os hacéis sordos a tan divinos llamamientos! No tendréis excusa en el recto tribunal del Justo Juez. VocavÍ el renuisH: Te llamé y no hiciste caso, os dirá Je– sucristo en el día tremendo de su ira y de su venganza. «Pero no sea así , mis carísimos en el Señor. No déis lugar a que veng·a sobre vosotros el colmo de las desg-racias, siendo para siempre abandonados de Dios, de María Santísima y de sus evangélicos mi – nistros. Corresponded dóciles a la voz de trueno con que el verdadero Dios os llama. Muesos árÍdos, oÍd la palabra del Señor: no queráis en– durecer por más tiempo vuestros corazones. ModÍe SÍ vocem ejus audÍe– riHs; no!Íle obdurare corda vestra. Vosotros, principalmente, ciudadanos de Orfa. vosotros que habéis tenido el honor de ser los pr imeros en toda la Mesopotamia, a quienes la Emperatriz de los cielos con el tnisterioso título de la Madre del Buen Pastor o Divina Pastora de las almas es ha visitado, fijando el trono de su residencia en medio de vuestras cesas , mostrad vuestro reconocimiento a una dignación tan inefable. ¡Aforhm'a– da patria de Abrahán, si con pecho agradecido sabes corresponder a sus finezas, tus mismos rivales te llamarán ciudad del Señor, y Sión del Altí– simo, y Santo de Israel, según el entusiasmo de lsetías. Tuya será la gloria del Líbano . de Sarón y del Carmelo. Los cedros, los plátanos y las pal– meras de Helin vendrán a servirte de adorno al lugar en que María Santí– sima nuestra dulcísima Pastora ha santificado con su hermosa presencia. Y tú , pequeña grey de católicos creyentes, vosotros que en medio de tanto abandono y de tan repetidos combates habéis permanecido fieles en la tentación y conservado puro el sagrado depósito de la fe católica, congTa– tuláos en buena hora, porque ya tenéis con vosotros una Pastorcita que es toda consuelo y alegría para sus ovejas, una Madre que es toda corazón y ternura para sus hijos, y una Reina que tiene en sµs manos lp llave _del
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