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P. JOSÉ DE BURGOS 681 delidad? ¡ph, cuánta confianza debe inspirarnos un ser tan encantador, cuánta reverencia infundirnos la majestad de tan excelsa Reina y cuánto amor encender en nuestros pechos la caridad de tan dulce Madre! Ella, acompañada de sus ministros, camina por las provincias, discurre por los imperios, surca los mares, deambula por los montes, atraviesa los desier– tos y se presenta ante vosotros. ¿Para qué? ¡Ah, ¿para qué? Ya lo habéis oído: para romper las cadenas que os aprisionan bajo el yugo tiránico del demonio; para libertaros de las garras del lobo infernal que os devora; para curar las heridas, las roturas y todos los morbos espirituales que os afligen; para desvanecer la negra nube de los errores que os extravían; para conduciros por el camino de la verdad al redil de la gracia; para nu– trir vuestras almas con los salutíferos pastos de los divinos sacramentos que se dispensan en los ping·ües montes de la Sión militante; para robus – teceros en los caminos de la justicia contra la impetuosa corriente de las pasiones humanas; para formar con vosotros un pueblo que sea su grey en la que tenga sus más puras y complacientes delicias; parn tejer la co– rona de vuestra verdadera feli cidad, para ... Mas, ¿dónde voy ... ? · «Corred, pues, a poneros bajo la sombré! de su protección; venid a gozar de sus benéficas y maternales influencias. Ahora es tiempo oportuno. Este es el día de la salvación. No desperdiciéis momentos tan preciosos pa – ra comprcros vuestra ventura eterna. No desprec éis una gracia que nunca habéis merecido y que el Arbitro Soberano de los destinos hoy generosa– mente os concede. Entrad todos en el redil del sacro evangelio que predica nuestra Madre la santa lg'lesia católica, apostólica romana . Acogeros en el dulce asilo de la .gracia para el que sois invitados. El Buen Pastor Jesús os llama: ¿No sentís los tiernos acentos con que os habla al corazón? Su Madre María Santísima, la Pastora Divina , atenta os busca. ¿No escu– cháis los amorosos silbos con que os invita a una tan g-rande felicidad? Sus zagales y ministros se afanan en vuestro favor. ¿No los véis con cuánta generosidad se privaron de aquella suave y encantadora paz de los claustros y de aquella magnífica belleza de Europa, para entregarEe a los riesgos de una naveg·ación peligrosa, penetrar en naciones incultas, sufrir las molestias de la intemperie de día y de noche, caminar por entre numerosas hordas de asesinos y, al fin, condenarse a vivir en esta tierra miserable entre desprecios e injurias, entre privaciones y persecuciones., entre el veneno y la cimitarra, entre la muerte y el sepulcro, todo, todo por la gloria de Dios y la salvación de vuestras almas? ¡Ea, pues, no os de– tengáis. Las puertas de vuestra dicha y ventura están hoy abiertas de par en par. Venid, sed felices! « Yo se bien que el mundo, el demonio y la carne os presentarán mi– llares de obstáculos cuando pretendáis dar este paso de tanto interés. No importa. No temáis: Jesucristo os 11frece el poder de su divina gracia; la Divina Pastora os protege con su clemencia, y sus ministros, los evange– lizadores de la paz, desplegarán todo el celo de que son capaces para con– duciros al monte santo de la beatitud. Sí: mis dignísimos compañeros y yo prometemos ante el cielo y la tierra luchar hasta morir con los lobos que os sacrifican para sacaros de sus garras; prometemos anunciar la divina palabra, predicar a Jesús crucificado a los gentiles y paganos, a los herejes y cismáticos, a los justos y pecadores; instar oportuna e impor– tunamente a aquellos que viven sumergidos en une1 cri111ine1l indiferencia ;

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