BCCCAP00000000000000000000461

686 LA 01v1NA PASTORA Y EL BTO. omaó J. be é. os defiendan contra las redes del mundo, las apetencias de la carne y las insidias del demonio. Os manda a sus ministros, para conduciros por la senda recia de la justicia y de la verdadera, divina y única Religión, oue puede salvar al hombre y animarle con espíritu de vida eterna. Os manda a sus ministros ... , pero ¿qué dig·o ...? Esto es poco . Os manda también a su misma Madre, María Santísima , la Divina Pastora de las almas. «Sí, alzad vuestro15 ojos, dirigid vuestra mirada hacia aquel monte santo que admirablemente se levanta hoy en la venturosa ciudad de Orfa . Ved ahí erigido un trono de clemencia para consolar a los afligidos y es– tablecer entre Dios y los hombres aquella vieja alianza rota por las auda– ces manos de la culpa; ved ahí aquel arco de paz que recuerda a Dios sus promesas hechas en favor de los mortales; ved ahí la puerta de santifica– ción y la mística escala por donde suben las oraciones de los justos hasta el trono excelso del Altísimo; ved ahí aquella pulcra Virgencita de la es– tirpe de Jacob de donde nació la estrella que ilumina a todas las naciones del mundo; ved ahí vuestra luz, vuestra columna , vuestra Madre, vuestro refugio y las primicias de vuestra gloria y eterna beatitud; ved ahí-de una vez lo diré-representada en aquella peregrina imagen a María Santísima, Madre del Buen Pastor Jesús que , a ejemplo de su Santísimo Hijo , movida de piedad al ver el ·lastimoso estado en que se encontraban sus ovejas en estas regiones , viene ... Mas , ay de mí , ¿cómo podré yo expresar con térmi – nos propios todos los oficios pastorales que esta Madre del amor hermoso y de la santa esperanza viene a ejercer en las ciudades, en los pueblos , en las aldeas, en los montes y en las campiñas de Mesopotamia? ¡Ah, pro– feta santo , Ecequiel bendito: habla tú por mí en este dia o permíleme que tome de tu sacro código aquel valiente y alegórico vaticinio , que con ante– rioridad de muchos siglos nos señalaste en su capítulo XXXIV. «Oíd, huesos secos , repito , oíd la palabra del Señor. Ossa ar/da, audite verbum Domini. Almas redimidas con la preciosísima sangre del Cordero, ovejas que por tan largos años sois el juego de los infernales lobos , que abandonadas sin Pastor , tristes, macilentas, enfermas o erran– tes por los áridos desiertos de la culpa, de la herejía e del gentilismo , mo– véis a compasión hasta los corazones más indolentes , oid el oráculo del Espíritu Divino. Escuchad atentas para vuestra consolación lo que por boca del santo profeta Ecequiel dice Dios en persona de Jesucristo, Pastor Bueno , y por consecuencia , en sentido acomodaticio , en la persona tam– bién de su Santísima Madre, la Mejor de las pastoras . «Mis ovejas se hallan descarriadas por no tener Pastor, y son presa de todas las bestias del campo que las devoran ... He aquí que yo mismo buscaré mis ovejas y las visitaré de la manera que el pastor visita a su grey ... , y las extraeré de aquellos lugares _donde se extraviaron en el día de la nube y de la oscuridad. Las apacentaré con abundanfísimos pastos , y su comida diaria será de frondosas hierbas ... Buscaré lo que estaba per– dido, recogeré lo abandonado, ligaré lo roto, consolida ré lo enfermo y guardaré lo pingüe y robusto. Dispersae sunt oves meae, eo quod non esset pastor: et factae sunt in devorationem omnium bestiarum agri. .. Ecce ego ipse requiram... «Señores: ¿qué os parece este lenguaje divino? ¿Pueden pronunciarse expresiones ni más tiernas ni más enérgicas, ni que demu estren más a lo vivo la sagrada misión de nuestra amante Pastora en estos climas de infi-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz