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P. )OSE DE BURGOS 685 sus ovejas. Oig·ámosle con atención, porque su voz paternal , fuerte y sua– ve , trágica y profética, puede también herir y traspasar nuestros corazones como cuchi-lla de dos filos para despertarlos de su impenitencia , para su aprovechamiento y mejora de costumbres. •ALOCUCIÓN QUE EL PADlrn JOSÉ DE BURGOS , CAPUCHINO, EXLECTOR DE FILOSOFÍA, MISIONEIW APOSTÓLICO Y VICE-PlrnFECTO DE MESOPOTAMIÁ , DIRIGE A LOS ttABITANTES DE LA MISMA PROVINC IA, Pl?INCIPALMENTE A LOS CRISTIANOS CATÓLICOS, Y A LOS HElrnJES, AL INAUGURAR SU MISIÓN EN LA C IUDAD DE. ORFA. «Huesos 6ridos, oid la palabra de Dios. (Ezech. , 37, 4). Esto dice el Señor: Mis ovejas fueron descarriadas, porque no había pastor; y fueron presa de todas las bestias del campo... fíe aquí que yo mismo fré a buscar mis ovejas y las visitaré... y las libraré... En valles muy fértiles las apacentaré... Buscaré Jo que se había perdido, y tornaré lo que había sido descarriado, y lo que había sido quebrado lo ataré, y lo flaco lo confortaré, y Jo gruesoy recio Jo guardaré (Ezech. , 34) . «Habitantes de Mesopotamia: Hijos de Adán que durante tantos sigfos arrastráis las. pesadas cadenas de la esclavitud en el mismo lugar donde , desde el pr i ncipio de los tiempos, brillaron la justicia, la abundancia, la paz y toda suerte de dichas; moradores desgraciadísimos de una tierra , que si fué bendecida con los añosos pies de tantos ilustres patriarcas , hoy parece que está herida con la maldición del Eterno y abandonada al fanatismo, a la barbarie, la miseria y la desolación. Huesos áridos, que por tan dilatados años estáis privados del influjo vital de la gracia santi– ficante bien por estar escindidos de vuestra legítima cabeza el Vicario de Jesucristo, o por vivir esclavos de la culpa, oid la voz del Señor: Ossa arida, audite Verbum Domini. Yo, dice aquel Señor, ante cuyos pies se rinden los tronos y las dominaciones, de cuyas manos penden las llaves de los reinos y de los imperios y a una señal suya se abren o se cie:"ran las puertas del tiempo y de la eternidad , yo os daré nervios robustos que os sostengan; haré crecer la carne en torno vuestro , os cubriré de nueva piel e infundiré en vosotros un espíritu vivificador, que os reanime y re– torne a la vida . Sí. mortales descendientes de un padre prevaricador, consoláos , consoláos ; dilátese vuestro corazón, cesen ya vuestras lágri– mas, no suspiréis más bajo el tirano yugo que ha puesto sobre vuestras cervices el príncipe de las linieblas . No más, porque vuestros lamentos lle– garon a los cielos y al Padre de las misericordias y el Dios de toda conso– lación , desde Jo más alto del empíreo ha dirigido una mirada de clemencia sobre vuestras desgTacias y parece que quiere ya remediarlas. «E l os manda sus ministros para que, como evangelizadores de la paz e instrumentos de su misericordia, os suministren el nervio de una doc– trina verdcderamente sólida, oriunda del seno mismo de la Eterna Sabi – duría. y capaz de sosteneros en la unión santificante de aquel cuerpo místico de la Ig·Iesia , apoyada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, cuya piedra angular es el mismo Jesucristo y su Vicario en la tierra, el Romano Pontífice. Os manda a sus ministros , para que os dis– pensen los divinos misterios y crezca en vosotros una carne inmaculadá, nutriéndola con la gracia de los santos sacramentos. Os manda a sus mi – nistros , para cubriros con la pifl mística de las virtudes e, angélicas que
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