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684 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. os viese observar, en cuanto es posible, el mismo tenor de vida regular que se practica en los más ríg·idos claustros capuchinos de Europa, os exhortaría con el espíritu del apóstol y de nuestro seráfico padre san Francisco a no buscar en este mundo más placer, más glo r ia, que en la cruz de los trabajos sufridos por Jesucristo, y os diría que la oración y la penitencia son las armas poderosas para conquistar el Corazón de Dios y el de vuestros prójimos; os predicaría con el santo evange lio que aquel , que por sí mismo practica la doctrina que enseña a los otros, será grande en el reino de los cielos; que aquel, que quiera ser discípulo de Jesucristo , debe negarse a sí mismo, tomar su cruz y seg·uirlo hasta el calvario, esto es hasta la muerte, como lo hicieron los apóstoles, los mártires y tantos ilustres confesores; os recordaría aquel célebre proverbio del glorioso san Felipe Neri, el cual en la vehemencia de su celo solía decir: Dadme doce sacerdotes edificantes y yo os convertiré todo el mundo; os pondría ante vuestros ojos ... Mas baste tener presente para reg·ula r vuestra con– ducta apostólica este valiente oráculo de san Pablo: Sic nos existime! hamo, uf ministros Christi et dispensa/ores mysteriorum Dei. Es cierto que el hombre nada puede por sí solo, pero todo lo puede auxiliado de la gn1cia de aquel Dios Omnipotente que le conforta. «Así lo desea , así lo espera vuestro fiel compañero y de vuestras re– verencias afectísimo y humildísimo siervo en Jesucristo.-Fray losé de Burgos , capuchino , viceprefecto de la Mesopotamia.-Orfa 28 de setiem– bre de 1841» (1). Si este apóstol sólo nos hubiese dado esta ferviente pastoral, síntesis de su espíritu misionero , de su devoción a la Divina Pastora, de su fe en ella, para infundir sus propios sentimientos en el corazón de sus súbditos, estaría justificada su memoria en este libro; pero escribió además otr os documentos importantísimos inspirados por su celo para sacar fuera de la Orden la devoción de la Divina Pastora, pr@pagándola en los países orienta– les, donde era desconocida, y presentarla a los católicos, a los cismáticos , y a los gentiles, como remedio de todos sus males y fuente de gracia y salvación . La vibrante alocución que dirige , cuatro días después de la anterior, a los habitantes de Mesopotamia, es una prueba irrecusable. En ella, cual un profeta de la vieja ley, anuncia la cólera divina contra las prevaricacio– nes de los pueblos, la bondad de Dios llamándoles a penitencia, sus gra– cias y favores para atraerlos al camino del bien, los· castigos inminer:tes que sobrevendrían, de no aprovecharse la coyuntura de su conversión que el Altísimo les proporcionaba con la misión de sus ministros y con la presencia de la Divina Pastora que, sin cesa,, daba silbos amorosos lla– mando a toda la grey de Mesopotamia para entrar en el ovil de su Hijo. Oigamos al nuevo Ecequiel hablar-con voz de trueno a los despojos de la muerte, dialogar con los áridos esqueletos para darles luz, calor y vida; para conminarlos por sus abominaciones; para extraerlos de la ciénc1ga del barbarismo y del pecado , vestirlos con la túnica de la verdad y del bien, y para conducirlos a los fértiles prados, donde Jesucristo apacienta 1. Arch. genl. de los cap. Roma. El ·original está escrito en italiano y la traducción es nuestra.
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