BCCCAP00000000000000000000461

i:>. Jós~ DB BURGOS mas? ¿No habrá un pastor compasivo que arranque estas infelices ove– jitas de las fieras fauces del lobo y les suministre el pasto espiritual para que no mueran de hambre? La política se afana en repartirse los despojos del agonizante imperio otomano; ¿y vosotros no habréis de correr tam– bién, como operarios del evang·elio, a cultivar los brotes de virtud y san– tificación que germinarán sobre su mismo sepulcro? Sí, queridos com– pañeros, ha llegado ya el momento en que, armados con la misma coraza de la fé, ataquéis a las aguerridas falanges y a las fuertes trincheras que el poder de los príncipes, la crueldad de los tiranos, el fanatismo de los turcos. la política mundana, la prudencia de la carne y la malicia del in– fierno prepararon a vuestro heroísmo. La religión sacrosanta que profe– samos tiene necesidad de ministros, que defiendan y dilaten sus dominios. Nuestra Madre la santa Jg·lesia se adorna con los laureles que sus hijos y campeones conquistan de confümo en todos los climas del globo . Pro– seguid, pues, con valor y constancia la noble empresa que habéis comen– zado. No, no os esp¡inte el fiero alfanje o la cimitarra del mulsumán que os amenaza; no os intimide la perfidia del hebreo que os odia; no os ate– rre la astucia del hereje que os acecha; no os anonade la barbarie del gentil que desconoce vuestro sagrado carácter y no os paralice el tétrico cuadro de tantos desprecios, tantas penurias y tantos pelig-ros que se presentan a vuestra vista. Pelead, como intrépidos guerreros, las batallas de Dios, Señor de los ejércitos. Mirad que el cielo os observa, la tierra está atenta a vuestro comportamiento, Dios mismo está con vosotros; María Santísima os protege y los ángeles preparan la corona eterna para aquel que combata legítimamente y sea fiel hasta la muerte. Los hon~bres son espectadores y jueces que sustanciarán la justicia de vuestros actos; el Padre común de los fieles desde su cátedra pontificia os bendice; la Sa– grada Congregación de Propaganda espera de vosotros dar nuevo realce a los gloriosos trofeos que la ennoblecen y se apresura a enviar el so– corro urgentísimo para vuestra subsistencia; vuestros prelados se alegran; vuestra querida patria, España, se complace; la Europa, el Asia, el mundo todo se prometen y esperan con ansia ver los más brillantes resultados de esta nueva misión. ¡Valor, pues, ínclitos conmilitones! Pecho fuerte! ¡Al– ma grnnde! ¡Vencer o morir! He ahí el lema que debe llevar en su corazón el verdadero soldado de Cristo. «Pero ¿qué no podrá esperarse de hombres que, después de haber edificado con su buen ejemplo a España , Francia e Italia, apenas el Vi– cario de Jesucristo, por medio de la .Sagrada- Congregación de propa– ganda fide, les confiere el arduo quehacer de misioneros apostólicos y les envía como ovejas entre los lobos a la Mesopotamia, cuando almo– mento afrontan todos los peligros , abandonan las playas europeas, surcan los mares de Grecia, dejan atrás los golfos y canales del Archipiélago , se presentan en la capital del imperio turco, traspasan el estrecho de los Dar– danelos, costean la isla de Scio, la de Palmos, Rodas y Chipre, se aden– tran en el continente asiático, moran en las ciudades contagiadas de peste mortífera, atraviesan montes, valles y desiertos, cruzan por entre nume– rosas tribus de árabes homicidas, pasan los días y las noches a la iritem– perie y . para terminar, habiendo superado miles de obstáculos y en medio de innumerables penurias, llegan a implantar sus reales en el mismo campo de sus enemigos? ¡Ah, c¡:¡rísimos compañeros, no se ofenda , no, vuestra modestia! Si yo no admirara en vosotros tantas virtudes y si no

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz