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682 LA DIVINA PASTORA Y BL BTO. DIEGO J. DB C. sabrá conduciros de triunfo en triunfo y de victoria en victoria, hasta t:-e-· molar el regio estandarte de la santa cruz en los mismos recintos, donde con mayor entusiasmo se levantan las aras a los negros errores del mahometismo y plantar el Árbol sacro de la redención en la ciudades y en los pueblos que palpitan desde las ondas majestuosa del Éufrates hasta las rápidas corrientes del Tigris. «Sí, valerosos campeones del evangelio , ya habéis pasado las aguas del primer río que regaba los floridos vergeles del paraíso , ya tenéis a la vista el amplísimo teatro de vuestras batallas, ya pisáis la tierra consa – grada por las decrépitas plantas de los más ilustres héroes del mundo en su infancia. La mística campaña , que por un incomprensible designio de su providencia os ha confiado el Señor de los ejércitos, ya está empe– zada con feliz progreso. Orfa, sí, Orfa , esta antigua Edesa, esta célebre Ur de lbs caldeos , según la constante tradición de sabios historiado– res (1), esta famosa patria del más ilustre de los antiguos patriarcas por su fé y pbr estar benditas en su linaje todas las generaciones , esta g:--an ciudad, casi privada por doce siglos de sacerdotes católicos , mira ya es– tablecida dentro de sus muros una residencia de misioneros capuchir.os que el infatigable celo de la Sagrada Congregación de Propaganda fide , ha enviado a estas tristes regiones para dilatar más sobre la tierra el reino de Jesucristo. Vosotros lo habéis visto, vosotros podéis dar testi– monio , ante Dios y los hombres , de haber contemplado que la peregrina imagen de nuestra excelsa Patrona, la Madre del Buen Pastor Jesús, fran– queaba las puertas de esta población , mulsumana por antonomasia, cru – zaba sus calles, atravesaba sus plazas y que, desde el día en que celebra la santa Iglesia romana su Nntividad gloriosa, se dejó ver expuesta a la ve– neración pública en el pequeño templo que se le ha consagrado con el misterioso título de la Divina Pastora. ¡Oh, bendito sea el gran Padre de las misericordias que con tanta liberalidad dispensa sus beneficios a los mortales. ¿Qué corazón será tan insensible que no prorrumpa en sus– piros al oir los religiosos himnos y cánticos que , en obsequio de tan dt:.lce Madre y bajo tan propia advocación, por primera vez resonaron en el día de su fiesta y de su ascensión al trono de Mesopotamia? ¿Qué . ojos ha– brá tan áridos que no lloren de júbilo al ver tanta diversidad de ger:tes que, arrebatadas ya de su gracia ya de su hermosura, la rodean como a un trono de clemencia? ¿Y qué pecho tan de bronce, que no se conmUGVa y se llene de _un santo entusiasmo al ver que los católicos la adoran, los herejes la veneran, los turcos la respetan y todos le rinden profundo ho– menaje como a la Soberana Emperatriz de los cielos y de la tierra? ¡Ah , preludios son estos que nos anuncian algún gran designio del Omnipo– tente para este país desgraciado! ¡Señales son ciertas que pru,egian un venturoso futuro para estas tribus gemebundas, que por tanto::, a'ío:s arrastran sobre su cuello las expiadoras cadenas de una triste cautivic:ad! ¡Manifestaciones divinas , que electrizan el noble pecho de los evangeli– zadores de la paz! «Y qué, ¿no es esta una coyuntura, la más favorable, para desplegar un celo .apostólico y contribuir cuanto sea posible a la gloria del Señor, al honor de su Madre Santísima y a la salvación de estas pobrecitas al- l , Hoy se identifica con otra, Mo()GHEil\.

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