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P. JOSÉ DE BURGOS 679 de Llerena, después comisario apostólico, y mutuamente se arguyeron, mereciendo ambos la aprobación de los jueces presididos por el padre lldefonso de Ardales, definidor general (1). En el acta definitoria(, de don– de recogemos estas noticias, se dice que, concluido ya el proceso ordina– rio de la causa de beatificación del Siervo de Dios fray Diego José de Cá– diz, se pidiera al tribunal que fuese un capuchino quien lo llevara a Roma y para ello fué destinado el homónimo, pad 1e Diego José de Cádiz, lo que no tuvo lugar por haber sobrevenido la exclaustración hasté;! que, en el 1852, se encargó del proceso el dicho padre Llerena, lograndó antes de morir verlo terminado con la presentación de los dos milagTos y sus pruebas que después aprobó la Santa Sede (2). El padre Burgos fué destinado a enseñar filosofía en nuestro con– vento de Málaga y aquí le sorprendió el decreto de Mendizábal, exclaus– trando a los religiosos. Arrojado del claustro, no se despojó del sayal ca– puchir:o, llevándolo a raiz de la carne y cubierto, cuando salía al público , con los hábitos de clérigo secular. .Así pr.zdicó en Málaga por algún tiem– po y los ancianos recordaban a fines del siglo XIX el póder formidable de su palabra apostólica y su amor a la Divina Pastora, cuya devoción propa– gaba junto con el padre José de Vélez. Pero su alma misionera, con fuerza irresistible , lo empujaba a su destino vocacional, las misiones, y con este fin marchó a Algeciras para embarcar con rumbo a Roma. No pudo conseguir de pronto su deseo y, mientras llegaba la hora, se dedicó a misionar en los años 1837 y 38. En este último predicó la cuaresma en dicha ciudad y fué encargado de la di– rección del Hospital (3). La pureza de su doctrina y su amor a la Santa Sede , expresados apostólicamente en sus predicaciones, ofendieron a los enemigos de la Iglesia, que descargaron sobre el invicto capuchino una horrible persecu– ción, viéndose obligado a ocultarse en la casa de nuestro síndico, Bus– cado con afán por sus adversarios y, al fin descubierto, fué conducido a las autoridades civiles y éstas, sin motivo, lo confinaron a Cádiz (4). · Aquí, mientras llegaba la ocasión de embarcar, siguió ejerciendo el ministerio de la predicación con su acostumbrada entereza. Pronto sintió el dardo de los enemigos. El padre Diego de Ubrique refiere el cargo así: «Una noche de bullanga, de las que frecuentemente ocurrían en aqúella época , fué asaltado en su humilde morada por una turba de esbirros para conducirlo a un castillo de los muchos que hay en aquella plaza. He aqúí que se sorprende al verlo vestido con la joya querida de su santo hábito y que1·íendo reconvenirle y hacerle ver que obraba mal, puesto que infrin– gía una orden del gobierno en el hecho de vestir el traje que le estaba prohibido, le contestó con la valentía y libertad de un justo, diciendo: -Estoy en la casa, donde por amor de Dios me hospedan y asisten; en ella nadie puede estorbarme o prohibirme el hábito propio de mi estado y profesión. Iré donde ustedes g·usten, me prepararé antes y marcharemos.– Se arregló, en efecto, como tenía de costumbre , cubriendo su tosco sayal con la sotana de clérigo pai-a las salidas públicas, y fué conducido al L L DE DECRTS. c., ff. 135 y s. - 2. PROCESO de beat., RESPONSIO ad animadversiones..., p. 25. - 3. RELACIÓN del P. Diego José de Cádiz, comisario provl. de Anc 1alucía, sobre el P. José ée Burgos. Arch. gen. de los caps. Roma - 4. RELACIÓN c. del P. Diego .J. de Ubrique.
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