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678 LA DIVINA PASTORA Y EL BTo. Drnao j. be c. penetra, sabe... que yo he de practicar esta devoción antes de abrir mis cartas y también el fin con que lo hago; y en virtud de ello podrá. por su intercesión alcanzarme de su Santísimo Mijo la gracia que le pido (1). La Relación termina con el traslado del padre Burgos en 1826 a Cá.diz para cursar teologfo, y dice que el religioso que ocupó su celda de Antequera, al ver allí tantos signos de virtud no pudo menos de exclamcr: ¡Sería un santo quien antes la habitó! Terminados sus estudios, pasó al convento de Sanlúcar con el cargo de maestro de estudiantes, esto es, para explicar humanidades. Pero prin– cipalmente se dedicaba a la predicación con g-ran fruto de las almas. El p:1- dre Félix María de Cá.diz nos ha dejado una prueba de ello en sus escritos. Cuando yo estudiaba en nuestro convento de Ecija, dice , tuve el gus– to de conocerlo por primera vez con motivo de pasar el padre a Ex– tremadura ... a hacer una misión. Me pareció , lo que a los demás religi::>– sos de aquella casa, un verdadero capuchino y un misionero lleno de celo y humildad. Al año sig·uiente pasé a Extremadura y cabalmente a los pr ;n– cipales pueblos en donde hizo misión y encontré muy conmovidas l:1s gentes por la predicación del padre Burgos y ni'uy lleno de satisfacción el ilustrísimo señor obispo, don José Casquete de Prado, por los abt.:n– dantes frutos que había producido en sus diocesanos » (2). Por estos años se advierte en Extremadura un nuevo florecimiento de la devoción a la Divina Pastora debido al padre Burgos: grabados ex– tremeños de la época y pinturas acusan el movimiento. Efl el Museo de la Divina Pastora hay un óleo bastante aceptabie con su marco isabelino, donado por cierta familia de Badajoz. El joven misionero debió hacerse de un estandarte particular para ll~varlo siempre consigo , satisfacer su devoción y propagarla en sus predicaciones , como lo testifica el único retrato suyo que se conserve y en él está. empuñando el guión de la Divina Pastora, que es una copia de la ima gen grande venerada entonces en el convento de san Antonio del Prado de los capuchinos de Madrid (3). En el 1832 visitó su tierra natal y allí, más que un descanso, buscaba el bien de las almas predicando muchas veces en su pueblo y en los ale– daños con gran satisfacción y provecho de todos y, según el párroco de Colina , haciendo arrojar muchas lágrimas a los circunstantes y en par– ticular a muchos clérigos.Su madre y paisanos pudieron averiguar que no dormía en la cama, sino en el suelo, que usaba un canto de almohada , y quedaron impresionadísimos de su mortificación viendo que hizo el largo viaje de ida y vuelta a pie, sin aceptar las caballerías preparadas por su familia , ni un viático para el camino, porque esperaba con fe que la Pro– videncia le proveería de alimento. Vaticinando el futuro, hablaba a sus pai.sano.s de .sus ansias de partir a las misiones de infieles, aún a costa del martirio, y_en carta a un hermano suyo, le decía: Tendréis un henr.a- no mártir: que Dios quiera que así sea (4). · Vuelto a su convento de Sanlúcar , se presentó en el 1834 a oposic~o– nes para cátedras, por cierto que opositaba en las mismas el padre Jesé l. RELACIÓN c. - 2. TESTIMONIO del P. Félix M.ª de Cádlz sobre el P. José de Burgos, 5 "efe . enero de 1862. Arch. genl. de los <;ap. Roma. - 3. Se halla en la o. c. del P. C. de Terzocio, ~ 4. TESTIMONIO c. de Revilla.

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