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660 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. tomó la posición de un San Lorenzo , Sin más antecedentes que el de cum– plir con fidelidad su ministerio, «el 7 de diciembre de 1835 fué arrestad.o por la autoridad militar y, después de alguncs días de detención con cen– tinelas de vista en el palacio arzobispal, fué conducido al castillo de San Antón de la Coruña y allí pasó algunos meses encarcelado, por mandato del gobierno se le deportó después a Cádiz, pasando luego al Puerto de Santa María. en donde, además de muchos insultos y vejaci ones , fué alla– nada su habitación a deshoras de la noche, obligándole violentamenle a quitarse el hábito y cortarse la barba. de capuchino » (1). No halló reposo ni en su pueblo natal, pidiendo autorización para vivir retirado en Medina Sicionia, donde permaneció hasta que, en 1844, le fué levanta.do el des- tierro, como al padre Vélez. · Cuando recibió la real orden para que se incorporara a la archidió– cesis, no pudo silenciar el estado psicológico de su alma y escribió al secretario de Estado: «Después de nueve años de cruda persecución, de padecimientos, de peligros incesantes y de vejatorios insultos, las expresiones dis:in– guidas, piadosas y singularmente benévolas de su majestad han sido para mi alma atribulada un bálsamo consolador y precioso, embargando de tal manera mi espíritu, que no acierto encontrar palabras adecuadas para mostrar mi profundo reconocimiento. Sin embargo contemplo los religiosos deseos de su majestad, secundados por un gobierno ilustrado a par de enérgico, y no dudo que las plegarias de los fieles han llegado al Altísimo y comienza una nueva era de paz, de concordia, de justicia y de reg·eneración para la Iglesia y el Estado, tanto tiempo combatidos por la desmoralización y la anarquía » (2). Su paso por los pueblos de la archidiócesis y la entrada en la capital fueron apoteósicos, como lo merecía un mártir de la revolución, que ca– minaba vivamente afectado y conmovido. Los fieles llenaban las calles, lo vitoreaban , besaban a porfía el anillo y muchos se postraban cie ro– dillas abrazando sus piés. Admirado el jefe político ante aquel espontáneo movimiento , decía: He ahí el pueblo: vean ustedes ahí la verdadera opi– nión pública (3). Como una satisfacción a sus sufrimientos y méritos lo nombró la reina caballero gran Cruz de Isabel la católica. De muchas maneras expresó su acendrado amor a la Virgen María, sobre todo en su título de Pastora y en el de los Dolores tan íntimamente unidos. Cuanto atesoraba lo convertía en donaciones a sus sagradas imá– genes para realz'ar sus cultos y promover su devoción entre los fieles. Cera en abundancia, arañas, cálices , estandartes, su anillo y pectoral , .ornamentos, óbolos crecidos para costear sus funciones cmuales ... son íos exponentes de su gran amor a la Virgen María (4). Como escritor mariano dejó el gran monumento de su Nuevo Madal, o motivos, modos, normas, y remedios para invocar y bendecir devota, cordial y frecuentemente a la Soberana Virgen María. Consta de cuatro . ,volúmenes. En los dos primeros trata de los motivos que hay para amar, l. Ib., p. 196. - 2. Ib. y s. - 3. Ib., p. 199. - 4. Ib., pp. 201 y s.
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