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-P. RAFAEL DE VÉLEZ' ·El amor del padre Vélez a su Orden capuchina no se amenguó ni con la dignidad episcopal ni con su ausencia del claustro. Siempre tuvo a su lado un padre y un -hermano capuchinos pa1'a que le acompañaran en sus ejercicios espirituales, y cuando fué elevado a la sede _compos1elana con– sig·uió que se le diera de obispo c1uxiliar al padre Manuel de Sanlúrnr. Jai11ás se despojó del .sayal capuchino, ni aún para las funciones solemnes, pues lo. llevaba debajo de los hábitos episcopales. Su túnica in1erior era de paño marrón igual a la de los capuchinos y_aún se conserva u1-ia como preciosa reliquia en el convento de mercenarias de Santiago. ,Su comida era frugal, ayunando las tres cuaresmas de 1.a reg-lél seráfica y todos los viernes y sábados del año. El libro del CompendÍo de la vÍda, .. de San– tiago hace es_.tos elog·ios del padre Vélez: «En la grandeza de su palacio y en la alta dignidad a que se veía elevado, pasaba sus días en la mayor rigurosa observancia de su primitiva profesión. Una tarima de tres tabla_s y un hábito .de tosco sayal consumido por los años, zurcido por sus c'e.– Iicadas manós, formaban todo su equipo» (1). J:;:n su destierro de Mahón conservaba aún su barba capuchina y fué necesario una real Orden dé la reina para que se la quitara. Cierto liberal qlle allí le injurió, mofándose de ellas, habiendo venido a menos, buscaba en Cádiz el remedio .de su necesidad. Lo conoció el padre Vélez, le llamó y le dijo: - Por lo que me hiciste en Mahón, desde hoy tendrás una dieta diaria. Su oradón en intimidad con Dios era extraordinaria, y de aquí sacaba sus luces, su energí-a y las grandesresoluciones de su gobierno. Des– pués de cenar se iba al coro y allí-permanecía hasta las altas horas de la mañana y .entonces se tomaba un corto descanso. En el coro y a media– noc~e le sorprendió el ataque que le llevó al sepulcro. La fa,1110_de la riqueza de los arzobispos compostelanos era prover– bial: por cada vez que da el reloj la hora, decía el vulgo, recibe el arzo– bispo una onza de oro (2). Del padre Vélez dijo: Pobre para sí, l'Íco para los demás. Efectivamente , el santo prelado fué tan caritativo y limosnero que las puertas de su palacio no se cerraban, ni de día ni de noche, para socorrer a miles de pobres que diariamente acudían a tropel al palacio para recibir sus limosnas. En Lastrove todavía se conserva el torno o ventanilla por .donde el prelado daba cestillos de frutas a muchas familias necesiladas. __ No tenía ni usaba coche y sus salidas eran a pié. Al momento le rodeaban los pobres, y el paje que iba siempre prevenido abría su bolsa y a todos socorría. En cierta ocasión un iimchacho osó quitar al paje su , bolsa y como éste quisiera · perseguirlo : exclamó el prelado: Déjalo, déjalo, que el pobrecito lleva con que comprar pan para muchos días . En sus paseos acostu111brabc1 dar unp limosnc1 a una pobrecita ciega que mendigaba por la calle; cierto día le dió un golpecito en el hombro y le pr~guntó: -¿Me conoces? -Sí, señore, le dijo, ustede é C? alcebispo.– En una .de sus comida,s_ le_pusieron un plato de hermosas peras; admirán– ·dolas preguntó: ¿ Cuánto han costado estas peras? - Doce cuartos, le 1. :Tráelo Couselo, o. c. p. 175. - 2. Esto es exagerado, pero indica sus muchos_lngresos ,por la importancia de la sede y los óbolos de los peregrinos en sus peregrinaciones al sepul• cro del apóstol, que en tiempos del P. Vélez casi hablan desaparecido.
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