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650 LA OiVINA PASTORA Y BL BTO . DIEGO J. D8 C. Santiago (1846) . Ya en la ciudad , continuó la pelea en calles y plazas, haciéndose fuertes los sublevados en algunos sitios. Uno de el los fué el palacio arzobispal, que to– maron a viva fuerza los conchis– tas; pero los de Solís , con suma audacia, trepando por los tejados y claraboyas de la catedral, se in– trodujeron hasta el interior del pa– lacio, llevándose consigo en rehe– nes al anciano arzobispo y pasán– dose con él a San Martín, donde se encerraron como último baluar– te. Aquí se dió el ataque final y se rindieron los sublevados. Durante el asalto estuvo el padre Vélez es– perando la muerte seis horas y media. De salir victoriosos lo hu– bieran fusilado, pero vencidos, le rogó Buceta que recabase de Con – cha su perdón y el de los otros je– fes. Lo hizo con mucho interés y caridad; pero sólo consiguió el in– dulto para los oficiales subalter– nos y mandos inferiores (1) . Así Imagen de la Divina Pastora, titular de la capi- procedía el venerable prelado pre- lla de la Pastoriza. Santiago de C. cisamente cuando volvió a su pa- lacio convertido en un campo de Agramante. Este golpe debió ser falal para un anciano vencido por los sufrimien– tos; sin embargo continuó su vida ordinaria , consagrada a la oración y al gobierno hasta que , en la madrugada del 1 de agos to de 1850, mientras en el coro de su capilla de Lastrove rezaba la letanía de /,odas los samas, según su diaria costumbre , cayó en un profundo letárgo para despertar el día 3, en la otra v ida y recibir la coron':l de sus méritos (2). La noticia de su muerte vistió ·de luto a Santiago, a la archidiócesis y a España, que lloraban amarg·amente la pérdida del ejemplar _prelado, que fué por ocho lustros el invicto campeón del altar , del trono y de la-tradición. Sin embargo, debemos decir que el boceto del padre Vélez, trazado en esta biogr·afía, resulta imcompleto, pues sólo aparece como titánico ba– tallador, siempre en tensión y en vigilia, por los derechos divinos, ,Y esta es sola la mitad de su figura; falta la otra mitad, la de .su vida íntima , igualmente importante por el cúmulo de virtudes que la acompañaron. La prensa de aquel tiempo pregonó muchas y otras se recogieron de.relacio– nes particUlares , conservadas en nuestro archivo prnvincial, de las que espigaremos las más salientes para terminar esta biografía. l. lb. , nota 1, p. 177. - 2. Recibió SUB CONOlTIONE los sacramentos de la Penitencia y Extremaunción, y fu é • su cadáver revestido con el humilde hábito de su Orden, que nunca ~epar6 de sL.. • L. 6.º cle difl!ntos de S. Fru~tuoso, f. 147,

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