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Cori1ó si hubiese nacido sólo para sufrir, dos hechos torturaron su alma eri este último período de su vida. El primero, los da– ños producidos al se– minario, que era la ni– ña de sus ojos. Por or– den del ministerio de guerra en el 18.35 fué instalado en el semina– rio un cuartel y los se– minaristas tuvieron que salir precipitadamente a otro edificio donde por no reunir condiciones sufrían la disciplina y la decencia. En vano cla– maron hasta el 1840 los gobernadores del arzo– bispado pidiendo al go– bierno . la · devolución del seminario , y aún no se sabe si el padre Vélez vió con sus ojos esta i njusticia y si fué por sus gestiones repara– da . Para que su dolor fuera completo halló que hacía seis años no percibía las rentas con– signadas para su pre– supuesto, y no paró hasta conseguir del in - P. RAFABL DB VBLBZ 649 tendente general de la Fachada de la capilla de la Pastoriza. Santiago de C. provincia que nueva- mente se las concediera (1). El otro hecho es lamentabilfsimo: desterrado Espartero, proyectaron sus adictos una insurrección contra el gobierno de Narváez, basándola en que un poder oculto tenía esclavizada a la reina " Al grito de vi va la reina libre se quiso revolucionar toda España. Fracasó el movimiento en Medrid y en las provincias, pero no en el reino de Galicia, donde el jefe del estado mayo,r de la capitanía-general, don Miguel Salís, consiguió que le sigul'e– ran la mayoría de la tropa y gran parte del pueblo, haciéndose dueñ0 de la si tuación. De Madrid enviaron con importantes fuerzas al general Concha, que fué persiguiendo a Solís pueblo tras pueblo, hasta que lo acorraló en l. Couselo, o. c., pp. 58-63. 82

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