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644 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C . Después emprendió la santa visita y con ella las misiones generales. Para ayudarse en tan difícil empresa trajo de Andalucía a los padres capuchinos Juan Evangelista de Utrera y Cristóbal de Priego con el único propósito de que misionaran en todos los pueblos de su archidiócesis pa– ra poner en buen camino tantas almas , víctimas de la corrupción. El arzobispo y misioneros se valían para tal fin de la devoción de la Divina Pastora. Recuérdese, como prueba , lo que sucedió en el pueblo de Noya. Aquí-dice . un acta de su municipio- «restablecieron los misn: os padres misioneros un Rosario perpetuo a honra de lá Divina Pastora, con canciones muy misteriosas para la conve_rsión de las ovejas descarriadas , predicando todas las noches sus pláticas relativas a los sagrados miste– rios del santo rosario, en que se está continuando y se espera continuará con singular devoción y grande concurrencia, saliendo en procesión por todas las calles de la villa, alternativamente, con las insig·nias del Sanfü,i– mo Cristo y el estandarte de la Divina Pastora, y sus dos faroles de cristal con luces a los lados de cada uno de ellas, todo muy luego del toque de oraciones, y los vecinos por cuyas calles pasaba el- santo Rosario, ponen sus velas encendidas en las ventanas en conformidad con lo dispuesto a este efecto por dichos padres misioneros. Su excelenria asistió personal – mente a todos los sermones de la santa misión, edificando su ejem¡::lar compostura y modestia al clero secular y regular, al ayuntamiento y al mismísimo concurso de fieles de esta villa y sus inmediaciones. Predicó y sigue predicando todos los domingos en la parroquia de san Martín, sin dejar jamás de tocar puntos doctrinales muy interesantes para la instruc– 'Ción de los fieles, con más especialidad para el mayor desengaño y extir– pación de las opiniones erróneas, introducidas desgraciadamente en este reino por resultas del abolido sistema y gobierno constitucional revolu– cionario» (1). La importancia de estas misiones para la difusión de la devoción de la Divina Pastora fué extraordinaria, no sólo por el gran número de pue– blos en donde se dejó establecido el Rosario, sino particularmente por la forma con que el padre Utrera atraía y conquistaba a los cabritos y lobos más empedernidos del liberalismo. Recuérdese aquella carla de la Her– ·mandad de la Divina Pastora , en la que le refería que cuando dicho padre dió sus misiones en Galicia y se le negaban los hombres a inconporarse en las filas del Rosario, postrábase de rodillas y a fuerza de súplicas cam– biaba aquellos lobos en corderitos de la Divina Pastora. Aun restan por aquellos pueblos y aldeas el recuerdo de las canciones, hojitas, estampas y medallas lindísimas , que el padre Vélez y sus misioneros repartían con profusión entre los fieles. Aunque el culto de la Divina Pastora se practicaba ya en el reino de Galicia, como se recordará de la fiesta predicada el 1795 por fray Diego en El Ferro!, puede decirse que quien la propagó hasta los últimos confines de la archidiócesis fué el padre Vélez y sus misioneros. Pero el deber del arzobispo no era sólo el cultivar la devoción de la Divina Pastora , reduciéndose a invocarla , darle culto y hacerla presidir . l. Libro de Actas del Municipio de Noya, 1792-1843, pp. 215 y s. Lo trae Coi:selo, o. c., pp. 18 y s.

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