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P. RAFAEL ·DE VÉLE.Z: 643 la libertad del pastor, que llega a apacentar su g-rey con una carta digna de los Atanasios y Crisóstomos. La pastoral produjo tanta impresión , que inmediatamente fué delatada a las cortes por elgobernador de Ceuta. El obispo fué acusado, discutido y sentenciado por la comisión dicta– minadora de las cortes y su Consejo, al dictado de los tendenciosos in– formes de Butrón. El prelado, ausente, no debía callar. Entonces escribió un folleto, re– batiendo las acusacion es que se le imputaban: Pruebas contra la condue– la política del ilustrísimo señor D. Fr. Rafael de Vélez, obispo de Ceuta, alegadas en las sesiones de corles del 22 de abril y 4 de mayo úlHmos por la comisión encargada de examinar la Exposición del jefe político de Ceula sobre la pastoral del reverendísimo obispo, del 5 de enero de 1822 (1). Esta obrita es un arsenal de documentos públicos, que no sólo prue– ban la rectitud e inocencia del obispo, sino que acusan y condenan la con– ducta e intenciones de sus adversarios, porque quedan al descubierto y en ridículo con los propios argumentos de sus escritos. Si lc1 situación del prelado era triste y desoladora, la de España, en manos de los constitucionalistas era mucho más, pues las cortes en su de– lirio llegaron a declarar loco al rey, secuestrá11dolo en la Isla de León. Como Francia se había reintegrado c1 su .monarquía , no pudo tolerar ei caso de España ni el ultraje hecho a un monarca, parienie del suyo . Cien mil franceses pasaron los Pirineos hasta lleg·ar a Cádiz, libertar a Fernando VII y colocarlo en su trono sin trabas constitucionalistas. El rey, recordando los méritos del padre Vélez, defensor del altar y del trono , y por ello perseg·uido y desterrado , haciéndole: justicia, ,lo resti – tuyó a su diócesis, y reconociendo que esto era poco, le nombró arzobis,– po' de Burgos en el 1824, y sin que hiciera su entrada en la archidiócesis, Jo promovió, al siguiente año, a la sede de Santiago, premiándole con la Gran Cruz de la real y disting·uida Orden de Carlos III, nombrándolo tam– bién su consejero, su capellán mayor , juez ordinario de su real capilla , casa y corle, y notario mayor del reinado de León. Mientras se tramitaban las bulas, pasó en Madrid una temporada que aprovechó para reeditar el Preservqlivo, y la Apología, y escribió los Apéndices de ésta contra los escritos que la i1i1pugnaron , adulterando .su texto (2). Posesionado de la archidiócesis, una de las más extensas e importan·– tes de España, muy pronto vió los grandes daños causados a su grey por la guerra y el libertinaje (3). Urgía, pues , uria reforma radical en las cos – tumbres, y para conseguirla, reparó primeramente las del clero mediante los ejercicios espirituales y una circular haciéndoles presentes sus debe– res como ministros de_Dios (4). l, ALGECIRAS, POR LA VIUDA DE ÜON'flL1Ó. - 2. APÉNDICES A LAS APOLOGÍAS DEL AL'fAR Y DEI, i'RONO.. . Madrid, 1825. - 3. Couselo, o. c., p. 18. - 4. Entre las pastorales célebres de este período de su. pontificado pueqen citarse: La circular edicto sobre la REFORMA DEL CLERO, 12 de julio de 182~: - La del PERDÓN DE LOS ENEMIGOS, 22 de setiembre del mismo· afio: - La del JUBIL30 DEL AÑO SAN'l'O, 27 de marzo de 1826: Sobre LAS socrnDADES SECnETAS con un Indice de libros prohibidos, 27 de jul_lo de 1827. .

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