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640 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. · Cuanto acabamos de decir no es nada más que el principio de·lo que se tramaba y se hacía en Cádiz. Todo lo veía el padre Vélez desde su atalaya del convento; allí iba-reuniendo diarios, gacetas, folletos, libros ... , cuanto se editaba en España y venía del extranjero. Herida .Y templada su alma con el fuego de tanta maldad. escri bió el Preservá/ivo contra la irre– ligión o los planes de la filosofía contra la Religión ye! Estado, realiz a– dos por la Francia para subyugar la Europa, seguidos por Napoleón en la conquista de España y dados a luz por algunos de nuestros sabios y en perjuicio de nuestra patria.. . (1). · El libro se editú en Cádiz y se dió al público cinco 111eses después de proclamada la Constitución, y contra el parecer del autor y de los editores fué un éxito editorial. Veinte ediciones.se hicieron en poco tiempo , algu– nas furtivas, en España y América (2). La razón del éxito hay que buscarla en la esencia y en la arquitectura de la obra. Era el antídoto contra los errores impíos del racionalismo , ponia al descubierto sus planes satánicos y los turbios manejos de sus incubadores, desde que comenzaron su sie111bra, a mediado del siglo XVIII , en el Norte, hasta que cristalizó en la convención francesa y ¡:¡ torreI1t, ::s penetró en España cambiando sus instiIuciones. En ti'n estilo fuert e y cal– deado por el dolor , analiza uno por uno los males ocasionado::; ét lu patria con tal reforma, y con hechos y documentos da la batblla más formic'able de aqu~l período contra las máximas de !a filosofía, sus manejos y posi – ciones conquistadas en el castillo de la patria. La obra fué el baluarte de la tradición, pero también el blanco de los tiros de los doceañistas, que·1io perdonarán a su autor. . . Tanto bien reportó el libro . que los superiores acordaron no dar pre– acías al padre Vélez para que .pudiera continuar sus escritos (3). Pero ad– viene nuevamente al trono Fernando VII, y, oyendo los clamores de Espa– ña, de un golpe acaba con la Constitución y con toda la secuela de sus leyes. El nuevo estado de cosasponía al padre Vélez en primera línea como un defensor de nuestras tradiciones, y tanto el monarca como el nuncio , conocedor en Cádiz de la gran valía del joven capuchino, pusieron en él sus ojos y lo nombraron obispo de Ceuta en setiembre de 1816. En julio del año siguiente fué consagrado en San Francisco el Grande de Madrid , siendo su padrino el duque del Infantado. Posesionado de la diócesis, sin cambio alguno de su vida sencilla y austera de capuchino, hace la santa visita y procura resolver paternalmzn– te asuntos y pleitos enojosos en pro de sus iglesias y rebaño, pues «nada pasaba desapercibido a la vigilante mirada de este hombre verdaderamente apostólico • (4). Una de sus pastorales más luminosa y reflejo de la paz con que go– bernaba, es aquella en que trata de los deberes del hombre como religioso y ciudadano: Deberes' con Dios.--Con los que forman una familia con él.-Con los demás hombres. -Con las autoridades (5). Habla como un 1. En la Imprenta de la Casa de la M1sERICORDIA , 181 2. - 2. Una de las principales es 12 del desgraciado Vinuesa con sus ADICIONES. - 3. L. de decrets. c., f. 104. - 4. Couselo Bauzas, FR. RAFAEL DE VÉLEZ y el SEM!NARRlO DE SANTIAGO, 1927. - 5. Málaga , 11'119.
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