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636 LA DÍYÍNA PÁSTÓRA y EL 1:ho. Die.do j. DE e. El cortejo que la acompañó fué lucidísimo: el clero catedralicio con su cruz, el cuerpo de oficiales de la tropa marina . caballeros capitul:ares y par– ticulares, la Archicofradía con su Rosario , la tripulación del navío, músi – cos, etc. Llevaban las andas los capitulares y los oficiales, recorriendo la procesión gran parte de la ciudad , que por orden del gobernador estaba limpísima y adornada de colgaduras, y , por la del obispo, repicar:>n todas las iglesias por donde pasó la religiosa comitiva. Una vez que llegó al templo de la Divina Pastora se cantó solemne Salve y después feste ·a– ron el traslado con fuego de artificios, en el que se quemó un castillo de doce varas de alto. Al siguiente día los marineros de El f-'úerte, para despe– dirse de su Patrona, celebraron suntuosa función con misa, e~puesta su Divina Majestad, y panegírico. La imagen aún no ha sido retirada y se venera en la capillita del panteón de dicha iglesia (i). El convento de capuchinos de Cádiz poseía otras dos imáger:es de Pastora. Ya hablamos de la que se puso en su templo por la influencia de fray Diego ; pero había otra, en la enfermería, llamada la Divina Enfar– mera, a la que profesaban los gaditanos gran devoción, porque favorecía a . los enfermos devolviéndoles la salud (2). En este pastoreño clima fué donde se oyó muchas veces la elocue 1te palabra del padre Utrera y lo dejó bien caldeado en su última predicación cuando regresó a Sevilla al reaparecer el cólera en 1833, del cual proba– blemente murió. Cádiz estaba aterrado al ver de nuevo en sus casas el contagio, recor – dando las trá'gicas escenas del 1800 y los ayes de fray Diego, que por en– tonces escribía valicinando el azote de Dios: «Me saca lágrimas de compa– sión la amarga situación de mi amada madre y patria de Cádiz ... Tengo para mí que este contagio es aviso, no el castigo grande que nos amenaza • el cual debe ser muy formidable » (3). Lógicamente aquel pueblo, que había presenciado las impiedades de los doceañistas, creyó que la ira divina le amenazaba con el nuevo cólera para vengar los ultrajes que se le habían inferido. · En lan tristes circunstancias dispuso el padre guardián sacar de la clausura a la Divina Enfermera, exponiéndo la en la iglesia para consu~lo de los fieles y que pudieran pedirle la salud de Cádiz. Con este fin se ce– lebraron varias funciones de.rogat iva y la Santísima Virgen oyó desd~ el cielo la oración de sus devotos según dan fe de ello las crónicas del con– vento con los siguientes relatos: Primero,.:._ «En el mismo (1834), el día 7 de diciembre , muchas familias distinguidas de Cádiz, reconocidas al gran favor, qu_e unánimes confesa– ran haber recibido de la misericordia del Señor por fa intercesión y méri– tos de su Madre Santísima la Divina Pastora , que se venera en su pequeña milag-rosa imagen en nuestra enfermería, a la cual habían antes elevcdo sus votos y por medio de una función solemne de rogativas, para que con sus ruegos las librase de la espantosa epidemia del cólera, que por se– gunda vez había invadido a esta ciudad, viendo ya terminada esta pla 5 a, , sin que en ella hubiese perecido individuo alguno de las dichas familias , 1. L. DE AC. DE LA ARCHICOF. DE LA I NMACULADA PASTORA DE CÁDIZ, ff. 103 y s. - 2. El Museo de la Divina Pa stora posee la plancha antigua para hacer grabados de esta imagen. lvtftle ctms. 36 x 26. - 3. Carta al P. Francisco de Asís Gonzá lez, 24 de junio de 1800.

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