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63Ó LA DIViNA PASTORÁ y EL BTÓ. DÍEGÓ j. DE é. zando los asuntos con g-racia y oportunidad, inspiradas en la etopeya pastoril. Para muestra de estas preciosas cualidades citar_.:::mos dos puntos solamente, y no en toda su extensión, omitiendo con pena otros muchísi– mos de igual valor y trascendencia. Sea el primero la explicación que da sobre el título de Pastora: • «Eire estos cultos nuevos, que se han de tributar a María Santísima en todos los tiempos según el pensamiento del padre san Bernardo, uno de los más singulares es el de Pastora. Esta idea es tan grata, tan dulce, y al mismo tiempo tan vasta en sus conceptos, que ella sola abraza todos los elogios, todas las grandezas y excelencias de María Santísima, que se pueden expresar en obsequio suyo. Ella es la que más consuela a los hombres, la que más alegra a la Iglesia san ta y la que más gloria derrama sobre todas las obras de bondad y de ternura que se comunican a los afligidos mortales. El título de Pastora, o lo que es lo mismo, la beneficen– cia de María Santísima sobre aquella grey a quien el Salvador dijo c;ue no temiese, porque su padre celestial había .tenido a bien darle el reino de los cielos, colma de gozo a los ángeles, alegra a la tierra, extremece a los abismos y pone a cubierto de sus acechanzas a todos los pusilánimes. Vamos ya a entrar en este delicioso piélago, a perdernos en este dulcísimo océano y a sumergirnos en este espacioso mar, en que Dios ha querido ostentar su poder, su liberalidad, su amor. «El título de Pastora, que damos a la Santísima Virgen, no es un dic– tado de propiedad o de excelencia, como lo es el de Madre de Dios, el de Reina y Soberana y el de Abogada de los hombres: es, sí, un símbolo , una figura que, apropiándoselo a sí el mismo Dios en (>¡ Antiguo Testa– mento (Ezech., 34, et alibi), y dignándose Jesucristo de ac@modárselo a sí mismo en el Nuevo (loan, 10, 11-14), atribuído a María Santísima, des– cübre en ella sus excelencias, prerrogativas y singular protección que dis– pensa a todos los seres, por la conformidad que se advierte entre las cua– lidades que distinguen a un pastor respecto de su rebaño, y las que hacen · amabilísima y agraciada a este encanto de los serafines respecto de las tres Iglesias que forman el rebaño de Jesucristo~ (1). Escogemos para el segundo, aquel en que trata del maná. . «Si por maná, dice, se entiende el pasto que ella comuniéa a sus ove , jas, no recibimos cosa alguna de sus santísimas manos que no sea deli– cioso y verda.deramente suave. Jesucristo decía de sí mismo: Yo.soy el Pan de la vida; vuestros padres comieron el pan del cielo, y se murieron, hoy el que coma de este Pan jamás morirá (loan., 6). Por estas palabras, se ve cuál es el maná verdadero, figurado en aquel maná delicadísimo que para nosotros los hombres y para nuestra salud ha bajado de los cielos; maná que encierra en sí toda la suavidad de Dios; de éste habla la Esposa . en los Cánticos (5): Yo he comido el panal delicioso con mi miel, he bebi– do mi vino con la leche mía; comed, amigos, embriagaos, carísimos. El padre san Ambrosio dice sobre estas palabras (De sacram., 1, 5):¿ Véis que en este _Pan no hay ninguna amargura, sino que es todo suavidad? Cuan– tas veces comes o bebes, recibes la remisión de los pecados y te embria- ' ·--L O . e:, ff. -11 y s.
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