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626 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C . aquella consoladora promesa que había hecho por Ezequiel: Yo salvaré a mis ovejas, grey o rebaño, y no será ya más expuesfo a ser presa de íos lobos infernales. Yo juzgaré entre ovejas y ovejas. Yo suscitaré sobre ellas un Pas tor único que las apaciente. El mismo tendrá el cuidado de apacenfarlas y El mismo hará las veces de un celoso y amable Pastor. Yo mismo. que soy el Señor, yo mismo seré su Dios, y mi siervo David, esto es mi Verbo hecho hombre, estará en medio de ellos como su prín– cipe. Yo que soy el Señor, soy también el que hago esta magnífica promesa> (34). «Así se ha realizado en la plenitud de los tiempos. El Dios que tronaba en el Sinaí, es ya un Padre , un Pastor todo amable , todo cariñoso , que no sólo se coloca al frente de sus ovejas, sino '¿¡ye las agasaja, las acari– cia, las regala con su gracia y con el preciado néctar de su carne, las llama con el silbo de su amor si están extraviadas, camina tras de sus sendas torcidas siguiéndoles los pasos, hasta que consigue hallarlas y, encon1ra– das, las coloca sobre sus hombros y gozoso las restituye a su redil. «Pero ¿de dónde el Dios inmenso ha tomado la amable pellica que cubre su inaccesible divinidad? ¿Quién le ha puesto en ese traje humilde, sí, pero que lo hace tan amable? Allá en el seno de su Padre no tenía se– mejantes pieles que ocultasen su divinidad. Allí no se le veía esa cara tan amable, esa sonrisa tan encantadora, esas entrañas tan compasivas . Aunque infinitamente bueno, carecía de esos atractivos lisonjeros, porque son l,umanos. Allí, aun cuando amaba a la oveja, no estaba vestido como ella, ni era de su misma condición. Ahora está rodeado de todas ellas, la piel de la oveja es también su piel misma, más apetecida a sus ojos que la preciosa púrpura, y su humilde cayado más poderoso que los cetros de los soberanos monarcas. Ahora no trata sino de hacerse querer. ¿Y quién le ha puesto en este caso? ¿En qué cabaña ha entrado? ¿Cuál ha sido la mano que ha podido extenderse hasta el trono de Dios, para hacerlo Pas– tor, revestirlo de la pellica humana y hacerlo tan semejante a las ovejas, que ya pueda decirse de El : Ecce Deus quasi unus ex nobis factus est? « •• • Esta es la transformación del amor. El amor eterno es el que le ha hecho bajar de los altos cielos, descender de los reales solios de la gloria, cuando la noche estaba en la mitad de su carrera, el que es Verbo omnipo– tente del Padre, y humillarse hasta nuestra bajeza y desdicha, abrazándose con ellas: Propter nimiam charitatem qua dilexit nos Deus (Eph., 2, 4). Dios, por aquel amor extremado con que nos ha amado desde la eternidad cuando estábamos muertos por el pecado, nos ha dado la vida por medio de su Hijo, Jesucristo. ¡Misericordia infinita! Ella no ha podido tener otro fundamento que el puro amor de Dios. Esta es la única causa qe un hecho que tiene en admiración a las potestades del cielo. ¿Y en qué palacio ha ·sido recibido? ¿Bajo qué techos de oro se ha presentado por primera vez .en el teatro de la naturaleza? ¿Cómo ha sido su entrada por primera vez en el mundo? ¡Ay, la de un humilde Pastor! Una cabaña lo recibió en su seno. Pastores son los que vienen a rendirle los primeros homenajes. :Oh Belén! Tú fuiste una ingrata en no querer recibir en tus recintos al Mesías prometido. Pero tu insensible dureza ha entrado en los sublimes planes de la infinita sabiduría, para que Dios se dejase ver en el mundo como el :iijo que le nace a una pobrísima y humilde Pastora. El es Pastor, que sale de la .sublime colina en que habi1a inaccesible al ojo humano,.para venir en

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