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622 LA DÍVINA PASTORA y EL BTO. DIEGO J. DE t. Cuanto dice está fundido y vivificado por la llama de un gran apóstol , esclavo de la causa de Dios y celoso de la salvación de las almas. Su estilo es ardiente y movido , elabor ado cuidadosamente con am– plios y pulidos períodos. Alonso Morgado llama al padre Utrera escritor clásico y autor de una obra sobre la Divina Pastora, que dejó inédita (1). fenemos en depósito este precioso autógrafo del que hablaremos después . Si los escritos del padre Utrera merecen nuestros encomios, la tra– dición dice que su oratoria y celo apostólico eran excepcionales, cautivan – do sus auditorios, que siempre le oían con agrado y fruto de sus almas . Dotado de una salud fuerte y robusta, era incansable en el ministerio de la predicación. Ocupó casi todos los púlpitos de Andalucía y su fama de misionero fué tan proverbial que , deseando el excelentísimo padre Vélez , arzobispo de Santiago , empezar su pontificado con misiones generales en la archidiócesis para sanear la fe y costumbres de su pueblo, bastardea– das en la guerra de la independencia y ambos períodos doceañistas , puso sus ojos en el padre Utrera , como en el misionero más distinguido de su tiempo y consiguió llevárselo para que fuese su evangelista en la visita pastoral. A mediado del 1826 aparece misionando en la villa de Noya , cuyo ayuntamiento, en acta capitular . estima la predicación del padre Lit!'era como un gran beneficio, que ha convertido muchas almas extraviadas (2). Lo que se afirma de Noya puede decirse de cientos y cientos de pueblos y aldeas que oyeron la ardiente voz del apóstol capuchino, que recordaba la venerable figura del taumaturgo gaditano. Casi un año duró la apostó– lica empresa de resucitar el espíritu religioso de Galicia y en todo ese tiempo trabajó sin tregua para conquistar alma s a Dios , siempre con fruto extraordinario . Pero además de estos méritos, tiene el singular de haber sido un ex– celente apóstol de la Divina Pastora , fomentando la devoción con su pluma y predicaciones. En las actas capitulares de la citada villa de Noya consta que resta – bleció un Rosario perpetuo en honor de la Divina Pastora que recorría diariamente algunas de sus calles, se cantaban letrillas propias para la conversión de las ovejas extraviadas y al final predicaba sobre uno de los misterios del santo rosario. A primera noche , o sea después del toque del Angelus, salia la procesión de la iglesia, presidida por el Crucificado y el estandarte de la Divina Pastora. La concurrencia era numerosísima y los vecinos que restaban en sus casas al pasar la procesión por ellas encendían luces en las ventanas uniéndose en espíritu a la comitiva. Todo se hacía por disposición y consejo del padre Utrera, cuya intención pa– rece ser que tendía a perpetuar esta práctica en todos los días del año (3), Esto mismo o cosa parecida debió hacer en todos los muchos pueblos en que misionó, pues la devoción a la Divina Pastora quedó muy di~un– dida y enraizada en la extensa archidiócesis compostelana, donde ya se conocía. 1·. SEVILLA MARIANA, t. 4.º, p. 267. - 2. Conselo y Bauzas, fRAY RAFAEL DE VfLEZ y BL S!!MINARIO DE SANTIAGO, pp. 18 y s. - 3. lb.

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