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LÓS l>P. ÓBNBRALBS DB LA O. CAP. Y LA PRIMITIVA i-lDAb. DB LA PASTORA 619 documentos y su libro de actas. Si intentásemos buscar la causa de tal silencio , acaso se hallaría en el turbulento periodo desencadenado contra las Ordenes religiosas, que desembocó en la exclaustración de los regu– lares y en la desamortización de los bienes de la Ig·Iesia. En aquellos años, retenido en Murcia el reverendísimo padre general, sin poder vestir el hábito, tenía sobre sí hondas preocupaciones y gravísimos problemas de urgente resolución, tales como el dar a sus hijos normas para conser– var el espíritu y la unidad de la Orden, rota por la inicua ley, y el preparar la convocatoria del capítulo general, que debía celebrarse en Roma para la elección de nuevos superiores. (1) De no haber sobrevenido ese aluvión de iniquidades, creemos firme– mente que el influjo de los superiores g·enerales de la Orden, actuando sucesivamente de un modo directo sobre la rprimitiva Hermandad, hubiera cosechado los más óptimos frutos, y sobre todo el tan deseado de incar– dinar en toda la Religión capuchina, como gloria propia suya, la devoción de la Divina Pastora con el conocimiento, amor y entusiasmo que tal ins– titución merece. Como recuerdo glorioso de la anterior etapa ha llegado hasta no– sotros, providencialmente, aquel singular epistolario, que es un arco de . triunfo levantado a la Divina Pastora y a su Rosario, fundados por el padre Isidoro. El indiferentismo religioso, la táctica de los gobiernos liberales con la Religión y las muchas vicisitudes que sufrió füipaña en el siglo pasado, fueron poco a poco debilitando estos fervores hasta el extremo la111entable de que la procesión del Rosario cayó en desuso y casi en el olvido. 1 l3utt eap., X, 65.

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