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LOS PP. GENB11ALES DE LA O. CAP. Y LA PRIMITIVA HDAD. 'DB LA PASTORA 617 El padre provincial, contestó dig·námente a este extenso alegato y en defensa de sus religiosos puso el dedo en la llaga, según puede verse en la carta que sigue: «Señores de la re.al y respetable Hermandad de la Divina Pastora:– El sábado próximo anterior recibí el atento escrito que ustedes se sir– vieron remitirme, su fecha 29 de enero pasado, y en virtud de su contenido, satisfago diciéndoles:-Desde el momento que ustedes tuvieron la bondad de manifestar, en su primer oficio del 10 de noviembre , el celo que los animaba de poner su real Hermandad de la Divina Pastora en el primitivo esplendor, que tuvo en su origen, para bien de las almas y culto de la Santísima Virg·en, y que, para el efecto, contaban con las autoridades del excelentísimo padre general, fueron mis miras llenar tan piadosos fines y atender a tan superiores respetos, oficiando, como lo hice, al reverendo padre guardián de Sevilla para que nombrase de sus súbditos un operario misionero que desempeñase el ministerio por vía de Ín/eliin, hasta que yo proporcionase otro, de mi satisfacción, del cuerpo de la provincia, indi– cándole que me parecía oportuno, para el caso, el padre fray Francisco de Sevilla. Es cierto que medió aviso el reverendo padre guardián, que el citado padre Sevilla no tenía robustez , cual se requiere , para sostener de continuo una predicación a todos vientos en una plaza, que pide una voz esforzada y con doble trabajo, y más expuesto que en una iglesia. Ad– vierto . en la materia, que no todos tienen poder para este trabajo, son .po– cos los que se prestan, ni es prudencia en el prelado estrechar conrra la salud. Con todo, respondí al reverendo padre g·uardián que ya por el padre fray Francisco, y ya por medio de otros, llenase los domingos que restaban hasta la cuaresma, y que para después de ésta yo proveería. Debo suponer igualmente, y ustedes deben creerlo, que las comunidades están hoy, en todas partes , escasísimas de individuos, y que los operarios para la predicación son mucho menos que eran anteriormente a las cir– cunstancias que nos han rodeado de muchos años a esta fecha, de süerle que la .comunidad de Sevilla es la más crecida que tengo de predicadores, y ustedes conocerán que apenas hay en ella uno o dos disponibles y con los requisitos que se apetecen para una misión de concurso numeroso y repetida todos _los domingos, que necesariamente pide un operario exclu– sivamente solo para esto, sin otra alguna ocupación. Esta escasez me tiene bas_tante amarg·o, pues no puedo cubrir, como quisiera, todas las atenciones y destinos que se ofrecen y de que es indispensable proveer a las comunidades de mi cargo . Sin embélrgo, estudio con desvelo por ver cómo he de llenar la predicación de la Divina Pastora para después que los padres cuaresmales regresen de sus púlpitos. Y cuando, para entonces, no encuentre lo que deseo, haré que dos o tres pqdres de esta comunidad de Sevilla, los más proporcionados, alternativamente desempeñen la mi– sión.-Dios nuestro Señor guarde a ustedes muchos años.~Capuchinos de Granada, 23 de febrero de 1.831.-Fray Rafael María de Sevilla, minis– tro provincial». Admiramos en esta epístola tanto la ecuanimidad como el prudente criterio de su autor, que ni pudo decir menos ni debía decir más, por que deja el asunto bien aclarado y resuelto en cuanto podía. 78

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