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602 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DB C. Con fecha 13 de ago'sto escribe la Hermandad a su nuevo protector enviándole las convocatorias de la novena y le comunica que una diputa– ción de aquella había ido al convento para tratar sobre la designación del padre que debía presidir y predicar en los Rosarios las tardes de los d'.as festivos, y que el prelado no le dió respuesta, porque dijo que le precisaba antes consultar el asunto . A esta carta contestó el reverendísimo: «Madrid, 22 de agosto de 1828.-Señor don Manuel del Real.-Recibo con aprecio la memoria que a nombre de la real Hermandad se sirve co~ municarme con la remisiva del cartel de las funciones de este prese·nte año . Haga usted presente a todos el aprecio que me merecen, como el que manden cuanto gusten. Por lo que corresponde a la solicitud que dice ta– ber hecho con ese reverendo padre guardián, a fin de que destine un reli – gioso en clase de capellán para que acompañe al santo Rosario los días festivos, nada se me ha comunicado; por lo que se servirá usted deci- a dicho reverendo padre guardián me será de una satisfacción envíe a dicho acto el religioso que sea de su agrado .-Con esta ocasión reit~ra Eus afectos y se encomiend::1 en sus oraciones este su afectísimo servidor y capellán. -Fray Justo de Madrid , vicario generar». Estimulada la Hermandad por las paternales concesiones del padre Justo y temerosa de que · le falle el predicador del Rosario por no recibir contestación definitiva del padre guardián, y sobre todo, entusiasmeda con el éxito de la novena de aquel año, predicada por el citado padre Utrera, envía a su amantísimo protector uno de los documentos más inte– resantes de este epistolario, que merecería enjoyarse en marco de plat::1 y que su recuerdo permaneciera siempre en la memoria de los devotos de la Diyina Pastora. Dicho documento, algo prolijo , es como sigue: «Con fecha 13 del corriente dí cuenta a vuestra reverendísima có:no había pasado una diputación, compuesta de los señores oficiales de esta real Hermandad al convento de reverendos padres capuchinos, y al padre guardián se le hizo presente los deseos de esta corporación en aumentar el culto de la Santísima Virgen por medio. del santo Rosario de la Divina Pastora, como lo había practicado su venerable fundador, en cuyos térmi – nos continuó más de un siglo saliendo en las tardes de los días fesfrrns con un religioso en clase de capellán, que lo acompañaba y predicaba a los fieles una plática en los sitios públicos, donde se juzgaba ser más oportuno , y que estos santos deseos, los había elevado, para ver cual era el parecer y dictamen de vuestra reverendísima su digno protector espiri– tual , y que había merecido su aprobación, como lo acreditaba la carta de vuestra reverendísima de 2 de mayo último, que al intento 6e le hizo ¡;re– sente; y que sólo se dirigía aquel acto, a explicarle que contribuyera ;:,or su parte a tan loables ideas, a todo lo cual contestó el padre guardián, que por sí solo podía mandarlo y sería obedecido, pero tenía antes que hacer una consulta con la comunidad para responder, lo que hasta hoy no se había verificado, ni al oficio en que se le dió parte al citado padre guardián de la dignación de vuestra reverendísima. Todo lo que nos ha causado mucho .desconsuelo , porque por este silencio se juzgaba que no había un relig-ioso que quisiera tomarse este cargo . Mas si este hubiese sldo el mo~
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