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V. P. LUIS DE OVIBDO 33 sana :oin señales de humedad en la ropa, y, reconociéndolo por patente mi – lagro , volvió a la iglesia para dar muchas gracias a Divina Pastora. Maria Josefa de Saias padecía, por más de un año, de llagas en todo el cuerpo , de las cuales emanaba mucha materia y se desprendían eh la cura pedazos de carne enfr~ i1isufribles dolores, reteniéndola en la cama, donde tampoco encontraba sosiego. Los cirujanos declararon ser .lepra y quisie– ron que pasara al Hospital de san Lázaro. En una noche que estaba muy fatigada por los dolores y la pesadumbre de ir al Hospital, hizo una fer– viente oración a la Divina Pastora, pidiéndole su curación, y al momento se llenó la alcoba de una luz celestial y fragantes olores; y, fijando su vista , conoció que la visitaba la Virgen , tal como se venera en la iglesia de Santa Marina, y al propio tiempo oyó la voz misteriosa de la Señora que le dijo: Que no se desconsolase y que pusiese toda su confianza en su Hijo., que le daría la salud. Después que desapareció la Visión , llamó a su madre con mucha alegría y le dijo que había visto a la Divina Pastora; dicho esto, la rindió un profundo sueño hasta la mañana, en que despertó con extraor– dinario alivio, y a los pocos días se encontró sana del todo con gran ad– miración de los facultativos. El padre Isidoro tomó de estas actas notariales del padre Osuna un buen número de prodigios y los publicó en 1705, en su libro , La Pastora Coronada; y Morg·ado, en el suyo, Flores de los campos, trae estos y otros muchos favores y milagros, tan interesantes o más que los expuestos, to– mados de dichos códices y obrados todos a raiz y en los primeros años de ser conosida en Sevilla la imagen de la Pastora. Y como no sólo se cura– ban los cu0rpos, sino también las almas, y hasta los mismos negocios. se puede vislumbrar la fe y devoción con que acudirían los fieles a la Divina Pastora, encomendándole sus necesidades. El sentirse el pueblo asistido y protegido por la Virgen fué uno de los grandes medios de que se valió Ella para acrecentar rápidamente el número de sus devotos y Hermandades. El padre Arcadio de Osuna influyó también con su cargo de procura– dor general de las misiones de Indias, para que el nombre y la devoción de la Divina Pastora fuesen conocidos y propagados en América desde estos primeros años de su origen . ·Al ocurrir su muerte, advino otro de los grandes operarios , que coope– raron con el padre Isidoro en esta santa empresa, y fué el venerable padre Luis de Oviedo, (1667-1740), religioso de elevadas virtudes, dado a la ora– ción, de vida penitentísima, muy humilde, gran director de almas, misione– ro celosísimo, muy amante de Jesucristo y de la Santísima Virgen, predi – cador muy célebre y varón prudentísimo, a quien se confiaron negocios di– fíciles y transcendentales, que resolvió con verdadero acierto y agrado de todos, sólo a costa de su humildad y sacrificios. · Una de sus más valiosas actuaciones fué en la guerra de sucesión. Los capuchinos de Murcia fuerón calumniados como enemigos de la causa de Felipe V y de tener un alijo de armas escondido en el convento para ayudar al de Austria . El pueblo se amotinó y, engañado por estas falseda– des, quiso linchar a los religiosos , vejándolos a toda hora con tal odio que no se podían presentar en público. El gobierno. mal informado y temeroso de que fuesen verdad las calumnias, ordenó que fueran trasladados los ca– puchinos a Madrid , para ser juzgados como criminales , sufriendo en el ca – mino las más horribles vejaciones y sufrimientos que se dan a los mayores bandid0s. Por real cédula el convento de Murcia, que pertenecía a la pro - ¡;

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