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LA Í)(YÍNA PASTOl?A y EL BTO. DIEGO J. bi3 c. la probidad, el pundonor, la justicia, la caridad, la paz y todas las virtudes cristianas y sociales se ocultaban en los subterráneos perseguidas de los demagogos o perecían desgraciadamente en calabozos y afrentosos ca dal– sos; y cuando España, desnivelada ya y vacilante, iba a hundirse para siempre en un abismo de lágrimas y de sangre, nuestra fe descubre en los cielos la portentosa señal de una hermosa mujer, vestida de sol, coronada de estrellas y la inscontante luna debajo de sus pies. ¡Enemigos de la pa– tria, María desbarató vuestros planes desoladores , su inefable poder e inalterable justicia os ha condenado a una afrenta eterna! ¡Qué consuelo para la piedad armada! ¡Qué gloria para vosotros, bizarros militares del sexto de línea , que habéis confiado la suerte de vuestrás armas al podero– so influjo de la Divina Pastora! Sabia, discreta, vigilante y fiel extermina– dora de los lobos carniceros, os exige vuestro amor y reconocimiento ; Su devoción, su culto y sus respetuosos homenajes , es una obligación de justicia, que vais a renovar tan estrecha y sagrada , como la de honrar a nuestro amado rey » (1). No menos interesante y sugestiva es la conclusión de la segunda parte y final del discurso , canto de fe y de esperanza para los aguerridos soldados que le escuchaban, a los que arenga en tonos enfáticos dicién– doles: · <Sigan los malvados en sus proyectos de desolación y de sangre ; tramen en la oscuridad la ruina del orden y la muerte de su patria; salgan enfurecidos de sus inmundas cavernas a destruir, a talar y envolverr,os en las pasadas calamidades. ¡Ah, en vuestros pechos leales y generosos encontrarán su desengaño! Esos brazos robustos, que habéis consagrado a la defensa de vuestro rey, escarmentarán su osadía y su traición. Esas espadas, que empuñáis por fidelidad y amor, acabarán .de una vez con las revoluciones y con los traidores. ¿Quién será capaz de resistir al verdade– ro valor . apoyado en la virtud , en el temor de Dios , en la devoción de Ma– ría , y en el amor del príncipe? Vuestra sola presencia aterra ya a ese ,pu– ñado de miserables , agitados de su mala conciencia y ag·obiados con crí– menes atroces. Seguid constantes el si gno fiel de vuestra bandera, la sa– grada religión del juramento y el glorioso camino del honor , y dejad al cielo y a la Divina Pastora el cuidado de recompensar vuestros servicios con la corona eterna de la gloria » (2). Sevilla, la corte y toda España vivió en estas jornadas los días glo– riosos del beato Diego y del venerable padre Isidoro; la devoción, arrai– gándose más y más en el pueblo, tomó nuevo incremento y a porfía se pintaron y tallaron numerosas imágenes de la Pastora con destino a las iglesias, a los hogares y fincas de campo. Hallamos la prueba de este movimiento en los capuchinos que, el 1825, estrenaron el retablo y camarín de su imagen , ya anotados (3), y en los padres alcantarinos que, no teniendo imagen de Pastora en su iglesia de san Antonio Abad , mandaron ·tallar una al imaginero don Bias·Molner, "~ -: J, .• 1. Q. c., pp. 18-24. - 2. Ib. , p. 37. - 3. Véase pp. 538 y s.

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