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LA DIVINA PASTORA, PATRÓNA DEL BATALLÓN DE LA LEALTAD '5~9 santidad y mérito, descuélla entre todás las hijas dé Jerusalén cÓnío léÍ palma de Cadés, c.omo el alto ciprés, y como el robusto cedro del Líbano. «¡Oh, qué confianza debe inspirarnos la primogénita de las criaturas; aquella alma distinguida y feliz que, invitada por el Rey de los reyés al delicioso gabinete de sus amores, recibió la plenitt.:d de la caridad en or– den para ejercerla con profusión y con ternura en el rebaño de Jesús! :C~n cuánta seguridad caminaremos en el desierto de esta vida pasajera y difí~ cil bajo la prudente dirección de la más sabia de las pastoras, que cónoce e11 sus ovejas las enfermedades y remedios; que las aparta de las yerbas nocivas y venenosas-; que las g·uía con acierto a los pastos safücfa.hles i y que sabe distinguir, sin equivocarse, a aquellos lobos feroces introducidos, alguna vez, en el redil con apariencia de corderos! Y vosotros, piadosos militares; que por un feliz impulso de lo alto habéis elegido a la Pivina Pastora por especial Patrona y Abogada, ¡con cuánto gozo marcharéis a los más arriesgados y peligrosos ataques bajo la protección irresistible de María? «Si es hermosa como la luna y escogida como el 50I , también es te– rrible como un ejército bien disciplinado y en orden de batalla. María es la i_nexpugnable torre de David y el firme baluart~ de Israel, provisto oportu– namente d~ toda clase de recursos . Mil escudos se dejan ver en ~lla, y toda la armadura de los fuertes. Aparezca el infausto Arria en Alejandría y propague hasta nosotros el mortífero veneno de su pestilente doctrina; apodérese del trono español , infatuando a nuestros reyes, y contamine esta epidemia desoladora a todas las clases del Estado; quede abatido el enu1gelio, desplazada la túnica inconsútil de Jesús, y amortiguada en Es– páfia la fe del Redentor. ¡Ah! Nuestra dulcísima Pastora acude al socorro de su grey, y el esforzado brazo de María corta las cabezas de la hidra y <'!Caba con el error. «Cuando alborotan los albigenses muchas provincias de la Francia con herejías escandalosas; cuando levantan su atrevida frente contra el cielo y ponen sus i:nmundos labios en todo lo más santo y respetable; y cuando este venenoso cáncer, pasando los altos Pirineos, empieza a de– vorar Ja antigua creencia de los españoles, se deja ver en nuestro horizon– te la estrella resplandeciente de Jacob y huyen los monstruos a lo más oculto de sus cuevas, del mismo modo que las fieras al ·divisar la aurora, El báculo pastoral de María se levanta en Israel y caen por tierra los so– berbios jefes de Moab, Consurget virga de Israel, et percutiet duces Moab. · · «Ni fué otra la suerte de los agarenos, inundada España con el impe.: tuoso torrertte de sus bárbaras legiones. El báculo poderoso de nuestrn dulce Pastora se ália contra la orgullosa media luna y la postra debajo de sus plantas vencedoras. Tan' hermosa como el sol, después de una ausenciíl dilatada, y tíln consolante como la luz que sigue él las tinie– blas espélntoséls, se presenta a Delélyo en Covadonga, consuela a los Al~ fonsos, anima a Ramiro, fortalece a los Fernandos, abate el orgullo de la morisma · y troncha con denuedo nuestra¡, igno111inios·íls cadenas, Vasta.: 'bitque filias Seth. · · · · · · · · · · · · «En la tenebrosa y horrible noche del jacobinismo, cuando en lo civil, militar y religioso presidían la ignorancia, el desorden, el atolondramiehto ,. el furor, la impiedad y la rnpiñíl; .cuando los· talentós, el profundo saber,
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