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MENSAJE DE LA PRIMITIVA HERMANDAD A LA REGENCIA DB ESPAÑA 585 En Ma.~rid _emp~oraba la situación por momentos. En febrero· de 1820 v'otan las cortes extraordinarias la sal,idéÍ del rey, quien se niega a aban– donar la capital y disuelve las cortes. · -Fu11c,i0.r;Í¡i 1 n entonces las ordinarias, y arrecia un ataque para que el soberano ' se ·rn'arche, lo que tuvo ,que acep– tar al fin como mal menor, llegando a Sevilla ·el 11 de abril con su real familia. · · En _vista de tales atropellos, el rey de Francia, para defender el t:-ono de.su pariente, envió al mando del duque de Angulemas sobre España un ejército de cien mil soldados, el cual de victoria en victoria llegó a.M.acÍrid. Los constitucionalistas, aterrados, engañan a Fernando VII en Sevúi'a:, presentándole la situación deformada y contra la realidad, y le arrancan un decreto, declarando la guerra a Francia. No satisfechos aún, exigen al monarca que aban.done a Sevilla, y como se opusiese a ello, para conse– guirlo, propone Alcalá .Galiano a las cortes, 10 de junio, que declare de– mente al rey. El 12, salía pa~a la Isla de .León el .monarca de los tristes destinos; blanco de las burlas de.Jos ministeriales y del populacho. Cuando todos levantaba!) su mano para lanzar umt piedra, si no eran tomates o cebollas, contra la testa coronada, se oyó en Sevilla una voz compasiva y de desagravio para la pri.mera institución de la patria. Esa voz fué la de la Primitiva ·Hermandad de la Divina Pastora, que con gesto heroico acordó dar a la_imprenta ! pa~a distribuirlo, un importantísimo mensaje, expresión de sus sentimientos_y fidelidad, dirigido a la regen:.. cía, a quien decía: · «Serenísimo señor: La real Hermandad de ·la Divina Pastora, si~a en la - parroquial de santa Marina de esta ciudad, que incesantemente ruega a Dios .por la importantísima salud-y preciosísiina vida de su hermano ma-"' yor perpetuo, nuestro augusto soberano el señor don Fernando VII, multi– plica ~us oraciones así para pedir al Señor por este amado príncipe en lós críticos momentos del mayor peligro, como para que dispense a vuesfra alteza serenís.ima toda lá energía y virtud necesaria para reanimar elcüer– po de esta nación casi exánime, que se acoje bajo sus auspicios eón el no~ ble fin de conservar su último aliento político y cristiano. ·· · «Nuestra moribunda España apenas puede dar señal de.vida: tres añoi5 continuos de rebelión, de iniquidad, de sangré, horror y muerte, la han conducido a pique de perder su existencia física y moral. Privada dé s'u rey, separada del Papa, sin relaciones extranjeras, insultada la Religión; abolido eí culto, cerrado los templos, perseguidos sus ministros, o,prirtiida su inocencia, sacrificada l& justicia, sin .ejército, sin -marina, estancado el co111ercio, paralizada la .industria, destruidas las artes , robado el erario r.eal, dilapidada la real hacienda, perdida la administración en todos su§ r.amos, agotados los fondos públicos y aniquilados los pueblos ccin la cruel9ad de unas exacciones que no tienen ejemplo, nada absolutamente hay con que pueda. contar vuestr_a a.lteza serenísima. Pero :,. hay '. !Dios .-,.j tenemos fe ... , y esta es el áncora de toda nuestra esperanza. Los verdade– ros españoles, amante de su cautivo rey, confían en la divina Providencia y en el acendrado celo y acreditada sabiduría de vuestra alteza serenísima, que ha de revivir nuestra paralítica España. Los primeros tónicos han da– do ya a sus contraídos miembros toda la acción de que son susceptii:>les. Ya vemos decretos llenos de piedad y religión: ya circulan por todas pai•~ 74

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