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MISION,ES EN _ESPAÑA ~ON EL ES;i'ANDARTE oe LA PASTORA '.581 protegió y sostuvo este pensamiento con tanto interés que, a poco de idearlo, se realizó, facilitándose por sí mismos los innumerables y grandes inconvenientes que se presentaron y abundando los recursos para los grnndes gastos que hubo que sopoi•táf hasta c-óncluirlo todo con la her– m0sura y decoro con que hoy se ve. Se trabajó, ante todas cosas, por un diestro artífice la hermosísima imagen que en dicho convento se vener.a y se colocó interinamente al lado izquierdo del altar mayor, hasta disponer– le otro propio y digno de tal Pastora. Presentarse la Reina de los cielos en este traje a los habitantes de Madrid y cautivar para sí los cora'zones de todos ellos, fué una misma cosa. La devoción y afecto tomó un vuelo tan rápido, que todos a porfía llevaban a su presencia, con sus coraz;ones, los dones y ofrendas que cada cual, según su clase, podía proporcionar, deseosos todos de verla colocada en su altar y trono. Hubo no pocas difi– cultades que vencer para su colocación. No fué la menor el que la peque– ñez de la iglesia no ofrecía un sitio proporcionado para la ejecución del proyecto; pero esta la allanó la piedad de los excelentísimos señores du– ques de Medinaceli, patronos de dicho convento , pues teniendo en aquella un altar propio de su ilustre casa , dedicado a san Pedro de Alcántara, en que están depositadas ]as innumerables reliquias que, vinculadas en ella, atestiguan la piedad que siempre clasificó a tan ilustres príncip( s de la España, lo cedieron gustosamente para que en él se colocase dicha ima– gen, sin más condición que la de que se conservasen en él las reliquias e imágenes que en el mismo se veneraban. En efecto, el arte lo dispuso de tal forma, que guardando la imagen de la Divina Pastora el sitio principal de dicho altar, se conserva todo con el debido decoro, distribuido ordena~ <lamente en el magnífico retablo, que de nuevo fué construido a expensas de los bienhechores, que nada escasearon hasta construirlo con magnifi– cencia y grandeza, ·compatible con el Insti tuto capuchino. «No se satisfizo con sólo esto la piedad de los hijos de Madrid. Para dar mayor importancia al culto de la Divina Pastora, se erigió bajo sus auspicios una Congregación de ambos sexos que, con sus limosnas unos y con su asisten_cia personal otros, sostienen el alumbrado de oración y vela cuantas veces .se expone en dicha iglesia al culto público el Augusto Sacramento del alfar. El día 8 de diciembre de 1818 fué la primera vez que estos adoradores del Cordero de Dios, inmolado por nuestra salud, se presentaron con los cuatro cirios, que de media en media hora se mudan y alternan con otros tantos; y desde entonces hasta hoy no sólo no ha decaido esta devoción, sino que de día en día toma indecibles incrementos. El día 7 de setiembre de 1819 se celebró por primera vez la fiesta de la Divina Pastora en su nuevo altar, cuyas funciones siguieron por nueve días continuos, con una concurrencia inmensa de gente de toda ctase y jerarquía, cuya novena se repiten anualmente, desde la dominica segunda después de Resurrección, cada vez con mayor entusiasmo de las innume– rables ovejas que diariamente se escriben en.su místico rebaño en térmi– nos, que en el día es la Divina Pastora uno de los simulacros de mayor devoción y culto en la villa y corte de Madrid . · · · · «No se ha limitado a sólo ella este afecto religioso: la ciudad de Sala– manca ha dado, y está dando en el día iguales testimonios de ella. En el di– cho año de 1816, mientras la comunidad de capuchinos estuvo refugiada;:en el colegio de santa Catalina , por haber sido demolido el propio convenl~

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