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580 LA DIVINA PASTORA Y BL BTO. DIEGO J. DB C, cultos y, lo que es más, que se encargaran nuevas imágenes para tr.U• chas iglesias de los pueblos misionados. Por lo que a Sevilla respecta, una vez que recibió el padre guardián la real orden, mandó a los padres Félix de Cabra y José Leonisa de Sevi– lla que predicasen una misión en Osuna, que duró desde el 7 de noviem::>re al 25, y terminada, comenzaron otra de nueve días en la parroquia de san Bernardo de la capital. Al mismo tiempo salieron para Ecija los padres Fernando de Fregenal y Manuel de Sanlúcar, g-ran pastoreño y después obispo, predicando una de quince días, a la que ayudq el padre Rafael de Sevilla, guardián del convento ecijano. De aquí pasó el dicho padre Fer– nando a la ciudad de Carmona y la predicó por diez días (1). En el 1815 y durante toda la cuaresma predicaron el padre Pablo de Granada en Algaba; el padre Vicente de Granada en Valverde del Camino; el padre Martín de Almonaster en Jabugo; el padre José Leonisa de Ge:Ia– roza en Cala; el padre Francisco de Santoña en Sanlúcar la Mayor; el pa– dre Bernardo de Granada en Mairena; el padre José Leonisa de Sevilla en Fuentes; el padre Félix de Cabra en Higuera de Aracena; el padre Fernan– do de Fregenal en Carmona; el padre Bias de Valverde en nuestra jglesia de Sevilla; el padre Joaquín de Cazalla en la parroquia de santa Catalina de dicha ciudad, y el padre Manuel de Sanlúcar en Olivares (2), donde dejó un centro florecientísimo de la Divina Pastora. Todavía en el 1816 y en cumplimiento de dicha real Orden se hicieron otras misiones en la capital y pueblos de la archidiócesis hispalense y ;Ja– saron otras parejas a Extremadura en la jurisdicción del priorato por lla– mamiento del ilustrísimo prior, obispo de León (3). Estas noticias nos ha legado el cronista de nuestro convento de Sevi– lla, pero proporcionalmente , podría decirse lo mismo de los demás con– ventos, no sólo de Andalucía , sino también de los otros de las demás pro– vincias, que no iban a la zaga . Como prueba de ello léase la siguiente bellísima página, referente a los capuchinos de Castilla, escrifa por uno de sus más pre·claros hijos: ·«A resultas del decreto, ex.pedido por nuestro piadoso y católico mo– narca, don Fernando VII ... en el año de 1814, para que en todos los pue– blos de su monarquía se hiciesen misiones, que reformando las costum– bres, restaurasen también las ruinas del santuario, se extendieron las mi– siones capuchinas de la provincia de Castilla desde Sierra Morena hasta el mar Cantábrico, y desde el cabo de Finisterre hasta los límites del reino qe Valencia, y con ellas la devoción y el culto de la Divina Pastora, ~ue– dando en todos los pueblos grabado profundamente el agradecimiento a los favores· que el cielo los dispensó por su intercesión. La corte de Espa– ña, Madrid, se singularizó en este culto extraordinariamente. En el año de 1816 se vió por primera vez la imagen de la Divina Pastora, conducida procesionalmente por sus principales calles, entre innumerable conct:.rso d,e gentes, que con hi1:nnos y cánticos alababan a tan amable Pastora. En consecuencia , y por satisfacer la piedad de los fieles, se proyectó colocar tjjcha santa imagen con el decoro debido en el convento de san Antonio < :l.el Prado, como matriz de todos los de la provincia de Castilla; y el c;elo . 1:. Fr. Angel,.o. c.-, l. 2. º, ff. 242 y s. - l. Ib., f. 245. - 3. Il:,,, ff. 248 y 253.
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