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576 LA DIVINA PASTOIIA Y BL BTO. DIEGO J. DB C. mas serisible de todos .los males que nuestra provincia .se llegare a ver privada del don de la palabra con que desde su fundación..ha instruido a los pueblos en las calles o plazas públicas! Para que una cpstumbre tan lau– dable: pase a la posteridad, inviolablemente se establece: que en todos los conventos sin excepción alguna, aunque sea de tales circunstancias que los ancianos no tengan memoria de haber conocido este uso tan gene:·al entre nosotros, haya precisamente, sin que valga pretexto ni escusas por especiosas que parezcan, predicador de plaza, que perpetuamente sosten– ga la divina palabra, sin que nunca falte quien la anuncie con el decoro y nervio que necesita la Religión católica en los difíciles tiempos e.n que vi– vimos. <4.-EI operario evangélico es siempre muy digno de toda consideración. El es el siervo bueno y fiel a quien su Señor tiene destinadas grandes re– compensas, porque promueve sus intereses y porque da a conocer· su grandeza y majestad. La Iglesia quiere que se le atienda y se le honre co– mo merece. Por tanto, aunque veneramos a todos los que debidamente ejercen este ministerio, creemos que se debe distinguir y mirar con pa r ti– cular preferencia al que los superiores hayan destinado para que se ejer– citen en la predicación de la plaza. Su desinterés, su tesón y la grandeza - del objeto, a que dirige su insistente tarea , lo hacen acreedor a los gran– des elogios que los santos padres dan a los operarios del evangelio y muy digno de que haga un papel brillante en la comunidad, y que se considue este empleo como uno de los de mayor representación. Ordenamos, pues , que en lo sucesivo no se confiera este título sino a sujetos de conocida instrucción, virtud y capacidad. <5.-Todas las leyes se inutilizan y los estatutos más bien combinados se quedan sin efecto, cuando su cumplimiento no está sujeto a reglas fijas que lo detallen. Poco importa que se ordene o se mande una cosa, si des– pués se abandona a la arbitrariedad del que la debe desempeñar, dejándo– lo que obre según su capricho. La predicación de plaza para sostenerse necesita de un método fijo e invariable, que sin alteración particular se ob– serve de un modo mismo en toda la provincia. Este es un punto, el más interesante, y merece toda nuestra vigilancia. Sea, pues, una regla general que se desempeñe la predicación de la plaza por el religioso nombrado en los sitios más públicos en donde acostumbren a reunirse concursos más numerosos. El orador se presentará al público con la edificación de un enviado de Dios, condecorado su pecho con la efigie del Crucifijo, y pre– cedido de una procesión, como para hacer notorio al público aquel acto devoto y dar a entender al pueblo las ideas que nos animan . .-6-La omisión de la ceremonia, que acabamos de establecer, cede en grande perjuicio de la predicación apostólica de la plaza. La procesión, llevada siempre por distintas calles , va llamando la atención, moviendo los ánimos, edificando al público, y al pasar por los sitios concurridos, no puede menos de atraer y convidar a las gentes a que den de mano a sus pasatiempos y distracciones, y acudan a escuchar la divina palabra. Por tanto queremos que se verifique, reprobando la conducta de aquellos. ora– dores que salen del convento solos con sus compañeros para ir a la plaza. La procesión se ordenará en los términos siguientes: Delante se llevará la cruz con dos faroles, seguirá el acompañamiento que hubiere, y concluye con la imagen de la Divina Pastora , fija en su estandarte. En las ocasio-
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