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LA DiVINA PASTORA Y EL BTO. biEOÓ J. bE C. nunca con perjuicio de las almas. Así es que se presentó al gobernador pidiéndole que, para evitar tal bochorno, ordenara que sólo mujeres puc:ie– ran pernoctar en dicho patio, en cuya entrada exterior deberían ponerse centinelas para no dejar pasar a ningún hombre desde el anochecer, y que la puerta interna del convento se cerrara al toque de Animas en forma que ninguno de los varones, que lo habitaban, pudiernn salir al palio. Tan justa pareció la medida al gobernador. que al punto fué puesta en prác– tica (1), Arreciaba el bombardeo y con él se multiplicaron los confliclos. «No faltó con estos incidentes al reverendo padre guardián - dicen las cróni – cas - ocasión en que manifestar su prudencia y el celo por la regularidad, pues ha.liándose con oficio verbal del g·obernador parn. que, en atención a la urgente necesidad, se acomodaran las mujeres e¡¡ el claustro interior, el ... padre guardián se manejó con tanto acierto y entereza en asunto tan delicado, que eludió aquella providencia y con ella los gravísimos incon– venientes que podían resultar» (2). Un :nuevo incidente puso en gran aprieto el corazón magnánimo del prelado:. Para que los enfermos del Hospital de san Juan de Dios no sufrie– ran los ·efectos de las bombas consig·uió su prior que fuesen trasladados con su comunidad al convento de capuchinos y el gobernador comunicó la orden al padre Mariano, quien se opuso tenaz y cortésmente a tal proyecto, porque había otros edificios vacíos a propósito para ello y porque lo que se pretendía era establecer perpetuamente el HospHal en nuestro con– vento y:que los capuchinos pasaran a otra parte. Durante ocho días pre– sionó el gobernador al guardián para que asintiera, sin lograr conseguir– lo . En ~ma última conversación le decía éste:-Mis frail es no abandoncrán su casa, si no por la fuerza, pues de Roma acá no nos h:'! quedado de pie más qu~ el convento de Cádiz.-Insistió el gobernador, urgiéndole con la carida~ debida a los enfermos, a lo que replicó sagazmente el padre Ma– riano-:¡ Ah, si se trata sólo de traer a los enfermos, vengan en buena hora, pero serán mis súbditos los que les sirvan.-Con esta airosa salida se acabó el incidente, que tuvo dos semanas entre la espada y la pared al virtuoso capuchino y los enfermos se instalaron en el Báluarte situado frente a la parte Sur del convento (3). · Un nuevo sacrificio se le va a pedir ahora. Habían caído algunas bom– bas en .la catedral y en el palacio episcopal y esto atemorizaba a los canó– nigos y retraía a los fieles de los cultos, Reunido el cabildo en sesión , acor– dó trasladarse al convento de cBpuchinos , pasando oficio de lo acareado al padre guardián. Este contestó, en nombre propio y de toda la comuni – dad, ofreciéndole la iglesia y cuantas habitaciones necesitara para sus mi- nisterios·, . Ya pueden suponerse Jas reformas que se debieron hacer en el templo para acondicionarlo a los cultos catedralicios, más las del interior del con– vento donde se instalaron las oficinas de la administración de la diócesis. Hasta la parroquia del Sagrario pasó a la capilla de nuestra venerable Or– den tercera. Casi tres meses, de agosto a octubre , convivieron ambas corporacio- l. lb. - 2. lb. - 3. lb. , ff. 222 y s.
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