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570 LA DIVINA PASTOI?A Y J:o l. IHO. DIEGO J. DE C. El traslado de las corles a Cádiz desde la Isla creó nuevos conflictos ·para los hospedajes, pues se ocuparon !Os conventos, el palacio episco– •pal y hasta las iglesias. En Capuchinos, donde ya no se cabía y continua– ban llegando frailes, fué preciso hospedar a varios guardias de corps y a cuatro diputados con sus sirvientes. «Todo esto ocasionaba a la comuni– dad y particularmente al prelado un continuo desvelo y cuidado_ y no poca incomodidad por la· inconsideración con que algunos se portaban , llegan– .do a tanto el. descaro que , una noche, amenazaron al reverendo padre guard ián seis oficiales que le echarían de su celda y se alojarían en ella, porque en todo el convento (no) había absolutamente donde acomodarlos. También se originaban de aquí algunos g·astos por precisión , que se ha::ían más gravosos cuanto la comunidad era ya doble, pues no cesaban de lle– gar religiosos y las limosnas escaseaban» (1). Ganada la batalla de Albuera (mayo de 1811) por el ejército hispano– luso-inglés mandado p.or los generales Castaños y Beresford, cun la de– rrota de 27.000 franceses, vino a Cádiz una expedición con más de 8.000 soldados , que fué preciso hopedarlos en los conventos. Al de capuch ' nos le tocó el -regimiento de León, ocupando la tropa los claustros, l os pctios y la haza·, su comandante la celda del g·uardián y los demás oficiales en la secretaría y en los cuartos detrás del coro. Tan repleta quedó la casa, que por ninguná parle sé podía andar, púo el comportamiento de la tropc fué dignísin10 y hasta su comandante rog·ó que se le indicara los puntos del convento a ·que no debían pasar sus soldados para poner en ellos guar– dias, y el padre Mariano le contestó que sólo se reservaba la enfermería, en cuya pueI:ta era ~uficiente un soio centine·la para defender la tranquili– dad de los enfermos. ·Fué niuy éonientada la armonía que ·reinó entre los capuchinós y la tropa: hasta el extremo que nuestros bienhechores dieron pingües . limosnas .para ha gasajar por tres veces a los soldados con bue– na ración :de carne y vino. En el día de la Porciúncula dieron un espectá– lo edificantísimo á ia coniunidad y a Cádiz, pues casi todos los individuos del regimiento corifesai;on y comulgaron fervorosamente. Con gran reco– nocimiento se marcharon a mediados de ag·osto (2). A principios de 1812 sitiaron los fránceses a Cádiz y comenzaron a bombardear la pláia. Viendo que sus bombas no alcanzaban al casco de la ciudad, construyer@n ·en Sevilla monstruo·sas piezas de artilleria que, puestas erí función,' lanzabai1 sus tiros cargados de plon10 sobre cada uno de los b'arrfos. Solo desde el convento de capuchinos hasta el Carmen de la Alameda ·q-uedó iibre de las gTanadas del enemigo (3). . La cónsíernación de Cádiz fué espantosa y sus vecinos corrían a esta parte de la ciudád para guarecerse ·de los ·e'fectos de las bombas. A nues– tro convento vinieron muchas personas de distinción que se acomodaron del mejor modo posible, entre las cuales era uno el excelentísimo senor don Pedro Gravina, nuncio de Su Santidad, que fué colocado en una cel– da de la enférmería (4). La c':lpilla de la huerta fué utilizada por varios bienhechores y el primer patio del convento se llenó de toda clase de hom– .bres y de mujeres y allí pasaban toda la noche. Como puede suponerse esto era una inmoralidad, que no podía con– sentir la rectitud del padre Mariano, dispuesto siempre a hacer bien, ;.,ero l. lb. , f. 219. - - 2. lb.. f. 220. - 3. lb , f. 221. - 4. lb , f. 222.

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