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EL. P. MARIANO DE SEVILLA , GOBERNADOR DE CÁDIZ 569 do de los motines y esta es· la·m:ayor gloria , del padre Mariano, la ·que lo · levanta sobre el pedestal de los .hewes y por la que le ·vivirá en deuda Cádiz y España. El prudente religioso creyó entonces que su inisión había· terminado y renunciando al cargo de -gobernador· _adj<unto, se retiró a su convento. Cuando vino de Sevilla una comisión depuradora de los motines, ·pu– do dictaminarse: «En todo lo ocurrido , respecto al padre guardián, en me·– dio de unas circunstancias tan terribles como delicadas, no tuvo el señor fiscal del consejo que hacer sino muchos elogios y darle muchas gracias por su particular conduela y exquisito tino y prudencia con que supo ma– nejarse en to~o» (1).Yel ya mentado historiador, nada sospechoso por sus ideas libérales, sobre las muchas alabanzas que le consagra, conclu ..: ye su relato así: «Más bien que con el vulgo, se debe estar con la con – ciencia, y entre la popularidad de un día y la satisfacción de siempre, fray Mariano de_Sevilla optó por la de haber cumplido con _su deber » (2). Al retirarse a su convenio el heroe de los motines de . C_ádíz le agµar~ daban otros conflictos tan arduos, que precisará de toda su entereza y ca- ridad sin límites para su resolución. . . Las derrotas de nuestro ejército en Ocaña y Barrancohondo abrieron las puertas de Andalucía al enemigo, que en breve tíempo se enseñoreó de todo el Sur de España , excepción hecha de Cádiz y la Isla de León. A Cá– diz afluían millares de personas en busca de refugio, a muchas d~ las cua – les nuestra comunidad prestó caritativo sustento durante varios meses (3). Ya el convento, desde la invasión del Norte y de Madrid, albergapa un gran número de capuchinos fugitivos de las otras provincias, pero ahora , además de los muchos que de las mismas continuaban llegando, hay q_ue agregar a los hijos de nuestra provincia andaluza, los et¡ales arrojados de sus conventos , y perseguidas y disueltas las Ordenes religjosas por Na_- poleón , acudían a Cádiz, único asilo donde podían refu giarse. ' Tanta era la multitud de capuchinos llegados al convento, que fué pre:– ciso colocarlos de dos en dos en las pequeñas celdas y utilizarse para dormitorios las oficinas , los claustros , la casita de la huerta y hasta la to– rre, habita.da por varios (4) . . El problema para alimentar tan numerosa colonia, sin rentas ni reser– vas , fué pavoroso, agravado, porque muchos se ·presentaban •vestidos de seglar y todos necesitados de ropa. El padre Mariano recibía a cada hues– ped con los brazos abiertos y fué el ángel de _c.:aridad para todos, que de– bieron a su solicitud casi milagrosa el ser abastecidos convenientemente durante cuatro años. En los meses de estío del 1810 se presentó en Cádiz la fiebre amarilfa, y nuestros religiosos se dedicaron, perdiendo algunos s.u vida, al servicio espiritual -de los contagiados con mucha edificación y consuelo ·de./os fieles. «El reverendo padre guardián, dicen las crónicas, fué comisionado para tratar de este asunto y se manejó con m11cha prudencia y felicidad :. (5). 1. C RÓNICAS c. , f. 211. - 2. Castro, H1sTORI,\ c ., pp. 677-79. - 3. CRÓNICAS c. , f. 214. H ay que confesa r que codo Cádiz fu é en esta ocasión un asi lo de caridad. - 4. lb., ff. 115 y s. - S. lb., f. 217, 72

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