BCCCAP00000000000000000000461
EL -P. MARIANO DE SEVILLA, GOBERNADOR DE CÁDIZ 567 Para satisfacer al pueblo y evitar muchos males tuvo el padre Mariano que entrevistarse con dicho gobernador, el cual le dió las gracias por sus servicios y lo admitió de adjunto en su gobierno. Desde aquel día firmaban ambos todas las providencias de la plaza. Al mismo tiempo que esto sucedía en el casco de la ciudad, en sus afueras ponían otras turbas total resistencia a los valones, que optaron por retirarse . . No paró aquí el mal: en la noche de este mismo día se repitieron los motines y los revoltosos log-raron alianar las casas capitulares donde es-, taba en consejo la junta provincial. Con insultos y amenazas osaron des– pojar a cada uno de los vocales de la insignia con que eran disting·uidos; pero al llegar al padre Mariano, tal respeto y confianza les infundía, que no sólo le respetaron su distintivo , sino que pusieron en sus manos las insignias de los dem_ás para que las repartiese a su gusto (1). Simultáneamente se agravaba el conflicto en las calles y cuarteles, porque las tropas del reg·imiento de Ciudad Rodrigo, indispuestas con sus jefes, para vengarse de ellos, se sumaron al motín. Reinó la anarquía en las calles, elterror en las casas, y todos esperaban una hecatombe si la autoridad hacía frente a los revoltosos. · La sombra del padre Mariano debió pásar por la mente de los cori– feos de la rebelión y meterlos en juicios, pues se.presentaron en Capuchi – nos algunos de estos soldados -para exponer sus quejas y planes, pero el padre guardián les reconvino, especialnwnte a los cabos, y con tan fuertes razones «que cedieron voluntariamente de su necio empeño» y entreg·ando a dicho padre unos papeles, de la mayor trascendencia , contra los mis– mos soldados, se marcharon pacíficamente, d_isolviéndose aqt.:ella coalición henchida de horrores (2). En el día 21 se multiplicaron los excesos y los agitadores eran dueños de la plaza. Después de muchos robos y de asesinar a_don José Heredia, trajeron al convento al teniente general Carrafa, al come_rciante don Juan Ballera y a don José Iturrig·arai, exvirrey de Méjico, con dos señores más , en calidad de presos (3). El padre g·uardián para librarlos de la ira del pueblo y de una muerte segura, se constituyó en g·uardia y ·defensor de sus pupilos. El historiador Castro habla siempre con elogio del padre Mariano y de sus muchas actuaciones. En el levantamiento contra los valones, dice: «Pero fray Mariano de Sevilla, guardián del convento de capu– chinos, persona de- g-randes simpatías del barrio de la Viña, procu– raba con sagacidad calmar el furor de los amotinados» (4). En otro lugar, añade: «Era... varón, al parecer , muy amante y en realidad _no me– nos amado de la plebe, de imperceptible cuanto feliz astucia, y de un espí– ritu, para ejecutar sus resoluciones , el más noblemente presuntoso» (5). Al relatar la prisión de Villel en nuestro convento, dice: «Fray Mariano de Sevilla, deseando evitar la fusión de sangre, prefería confiar a la astucia el vencimiento de la plebe. Desde luego procedía con gran conocimiento del corazón humano » (6). Esta era la clave de sus éxitos y por tanto: «Considerando•.. no al pueblo, sino a aquel populacho enardecido 1. CnóNrcAs c., f. 208. ...:... 2. Ib. - 3. Jb. y s. - 4. Hr$TORIA oe CAorz, p. 668. - 5. Ib. , pp. 672 y s. - 6. Ib., p. 673-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz