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BL P.- MARJANO D1:.1 SBVJLLA, GOBERNADOR DB CÁDIZ 565 nazaban a los honrados vecinos de Cádiz. Maria expuso el casó al padre guardián y terminó diciéndole: - Yo no, alcanzo un arbitrio de ·atacar tantos males •.• y si la Ig·lesia no logra disip~r. este inmenso gentío , armado y tumultuante, preveo juntas todas las desgracias.-Pidióle seguidamente que; dad'o el buen éxito de la procesión anter;or, la repitiese otra vez como el más eficaz remedio. Aunque el prudente prelado previó graves dificulta– des, aceptó por el bien común el sacrificio, y nuevamente, con la premura que el caso requería, en aquella misma mañana salió la comunidad en pro– cesión de penitencia (1). · Esta, dice,~ las crónicas, iba precedida del guión de María Santísima (segurnmente la Divina Pastora), y la cerraba detrás el santo Crucifijo. Se dirigió al campo, frente de la Caleta, donde se hallaba el fuerte de ·las tur– bas, armadas hasta con cañones de artillería, proyectando los más horri– bles excesos. Cuándo la comunidad divisó a los amotinados, tomó ei padre guar– dián el Crucifijo y acercándose a ellos les hizo con vigor una plática fer– vorosa, tan eficaz que, dejando los cañones , se asociaron a la procesión siguiéndola. Al llegar a la plaza de san Juan de Dios predicó otra vez de– lante de las cc1-sas capitulares, exponiendo la necesidad de la unión frater– na, si n la cual no hay bien alg"UI10; y aquí fué donde poniendo el dedo en la llaga . irguiéndose y agig·antando su fig·ura, juró a Fernando VII por rey, juramento que ·repitió la muchedumbre co_n vivas aclamaciones (2). Después marchó todo el cortejo a la Aduana, donde aún permanecían los generales y personas de distinción en espera de los acontecimientos. Nuevamente platicó el padre guardián, arengando a las turbas para qúe entrasen en orden . El enemigo, ·les dijo, tiene _sus buques surtos en la bahía, viene ya precipitadamente sobre Sevilla, y, después, si sigue este estado caótico en Cádiz, fácilmente podrá toma'r la plaza para ruina nues– tra y de la patria . Es necesario que reconozcáis una autoridad que nos salve, y os invito a vosotros mismos para que la nombréis . En aquel momento a una voz, espontáneamente y .por tres veces , pro– clamó el pueblo po·r su gobernador y capitán general a don Tomás Morla, a quien :juró obediencia. Poi: seg·unda vez tomó la palabra el padre Mariano y con voz potente dijo que no podría haber orden ni tranquilidad pública si no entregaban las armas. Os propong·o que lo hag·áis de la manera que estime cada cual más conveniente.- A tal propuesta respondieron todos que las entregarían en el convento de capÚchinos . Pero muchos no pudieron contenerse, allí mismo entre'– garon a los frailes multitud considerable de fusiles, pistolas, sables, y demtfs armas, · con cuyos trofeos volvió la comunidad al conven– to a la una del día, alabando a Dios por tan feliz éxito como había tenido aquella salida (a). En toda la ta rd.e y en los días sig·uientes .fueron innumerables las ar-' mas de ,todas clas.es entregadas al convento, entre las que se encontraron las llaves de la cárcel real, donde ya se habían recluido los presos volunta- . l. Ib. - 2. Ib. - 3 Ib., ff. 202 y s. . . .
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